Las 'defensas' de este animal valen más que el oro en el mercado negro. La causa: la llamada 'medicina tradicional' oriental asegura —sin evidencia científica— que es un potente afrodisiaco y que cura enfermedades. El futuro de toda la especie está contra las cuerdas, pero nuevas medidas equilibran la batalla contra los cazadores furtivos. La clave: implantar chips radiactivos en el cuerno de los rinocerontes. Así el cuerno es inútil y tóxico para el consumo humano, pero no daña al animal.
Fernando González-Sitges
Miércoles, 22 de enero 2025, 11:26
Un ruido desconocido la puso alerta. Como todos los rinocerontes apenas veía nada, pero contaba con un sentido del oído extraordinario. Sus orejas dirigibles barrieron la sabana en busca de aquel extraño zumbido que crecía rápidamente en intensidad. Su pequeño cerebro procesaba con dificultades la información que recogían sus sentidos. El ruido venía de arriba; alguna extraña criatura se acercaba a ella y a su hijo de pocos días de edad a gran velocidad.
Su instinto fue más rápido que su cerebro. Sin esperar a que supiera qué es lo que se acercaba, la poderosa hembra de rinoceronte emprendió ... una alocada huida. La cría intentó seguirla, pero sus pequeñas patas no podían competir con las de su madre. Poco a poco, madre e hijo se fueron distanciando mientras el ruido del cielo se hacía más fuerte.
Cuando la madre cayó en la cuenta de que su hijo no la seguía, paró en seco. El ruido del cielo estaba directamente sobre ella mientras una tempestad de viento azotaba repentinamente la sabana. Angustiada, la hembra giraba a izquierda y derecha intentado captar el olor de su pequeño. Entonces, mientras el estruendo se fijaba sobre su cabeza, sintió un pinchazo punzante en sus cuartos traseros. El mundo se hizo oscuro y el sonido se fue amortiguando. Solo quedaba el viento; aquel extraño y repentino viento…
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Las falsas propiedades medicinales del cuerno de rinoceronte han hecho subir su precio en los mercados asiáticos hasta ponerlo por encima de drogas como la cocaína. Por un gramo se llegan a pagar hasta 100 euros, lo que hace que este cuerno –cortado de una forma legal e incruenta– fácilmente sobrepase en el mercado los 300.000 euros.
Desde un helicóptero, los furtivos suele disparar un tranquilizante a los animales para cortarles después los cuernos con una motosierra. En la imagen que abre este reportaje, una hembra de rinoceronte blanco de Sudáfrica sobrevivió a esta salvaje amputación contra todo pronóstico. Aunque muchos creen que los cuernos de rinoceronte son parte de su cráneo, son solo un apéndice externo formado por queratina, algo así como un conjunto de pelos compactados que crece durante toda la vida del animal.
Cuando la hembra de rinoceronte despertó, tenía la frente abierta y sangraba abundantemente. Allí donde despuntaran sus dos poderosos cuernos se abría ahora una brecha por la que se veía el hueso del cráneo. Aturdida, entre espantosos dolores, la hembra buscó a su cría, sin éxito. No sabía qué le había pasado ni entendía la causa de su debilidad y dolor. No podía sospechar que unos furtivos bien organizados le habían disparado un anestésico desde un helicóptero para luego quitarle los cuernos con una sierra mecánica una vez dormida.
El tráfico de cuernos de rinoceronte se ha vuelto a incrementar después de unos años en los que los conservacionistas creían ganada la guerra contra los furtivos. De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la población mundial de estos animales ha disminuido drásticamente: de 500.000 ejemplares a principios del siglo XX, a solo 27.000 en la actualidad, debido a la demanda de cuernos en el mercado negro. Sudáfrica, hogar de aproximadamente 16.000 rinocerontes, se ha convertido en un foco de caza furtiva, con casi 500 animales asesinados cada año. Y la cifra se incrementa desde hace más de una década. La razón es muy sencilla. El cuerno de rinoceronte se valora en el mercado de la medicina tradicional asiática más caro que el oro. Por un gramo se pueden pagar hasta 100 euros, superando incluso el precio de la cocaína. Es fácil imaginar que el foco de las mafias locales de aquellos lugares donde hay rinocerontes se ha centrado en los preciados cuernos que ahora se roban hasta en zoológicos y museos de todo el mundo.
La fuente del problema radica en la creencia de que estos cuernos contienen poderes curativos e incluso mágicos. Ya desde el Medievo europeo se creía en los poderes del cuerno del unicornio; cuerno que, en la mayoría de las veces, procedía de los rinocerontes. Se decía que era capaz de neutralizar cualquier veneno –entonces, un elemento muy de moda en las cortes europeas– y que rallado y bebido potenciaba la virilidad y el deseo sexual. Hoy en muchos países asiáticos, especialmente en China y Vietnam, se vende el cuerno como remedio infalible contra la impotencia, las enfermedades de la sangre, los problemas digestivos y, últimamente, como el más poderoso anticancerígeno. Todo porque un alto funcionario de Vietnam dijo una vez haberse recuperado de un cáncer ingiriendo cuerno de rinoceronte.
La ciencia ha buscado las supuestas propiedades médicas del cuerno sin encontrar pruebas de una sola de ellas. Los cuernos de rinoceronte no son más que queratina, la sustancia que forma uñas, pelos y pezuñas en tantos otros animales. Tomar una bebida con polvos de cuerno de rinoceronte equivale a diluir en agua ralladuras del casco de un caballo o pulverizar pelos y añadírselos a tu refresco favorito. Resultados médicos: cero; resultados ecológicos: la paulatina desaparición de las cinco especies de rinoceronte que viven en nuestro planeta.
La expansión de las obras contratadas a China en los países con rinocerontes, especialmente en el continente africano, ha potenciado el tráfico ilegal de cuernos de rinoceronte dejando un rastro de cadáveres tras de sí. Aunque China prohibió la importación de estos cuernos, su mercado sigue demandando el mágico polvo de rinoceronte. Y en Vietnam sucede lo mismo. No obstante, en Hong Kong han llegado a decomisarse cuernos por valor de 12 millones de dólares.
Los propietarios de las fincas donde se crían rinocerontes para asegurar su conservación sostienen que se podrían vender los cuernos sin necesidad de matar a los animales. Solo hay que dormirlos y cortarles el apéndice por encima de su base ósea. El cuerno produciría importantes beneficios, el rinoceronte no sufriría daños y el cuerno volvería a crecerle en dos o tres años. Este tipo de descornado es el que, de hecho, se practica a veces, como medida radical, para salvar a los rinocerontes. En abril de 2024, Sihle Mkhize, responsable de la agencia Ezemvelo que trabaja por la conservación de la naturaleza en la provincia KwaZulu-Natal, en Sudáfrica, tuvo que anunciarlo: «Con un gran pesar, la organización ha decidido descornar, algo que va en dirección contraria de cuanto defendemos, pero la incesante amenaza de los furtivos nos obliga a tomar nuevas medidas drásticas para proteger a nuestros rinocerontes». En cualquier caso, mientras se debate la viabilidad de suministrar cuernos legalmente cuernos al mercado asiático sin causar daño a las poblaciones de animales, los furtivos siguen arrancándoles los cuernos de una forma brutal y devastadora.
Mientras tanto también, los conservacionistas, por su parte, tampoco se quedan atrás ni mucho menos de brazos cruzados. En 2024, investigadores de la Unidad de Física de la Salud y Radiación de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, han llevado a cabo un proyecto innovador para combatir la caza furtiva: inyectar material radiactivo en los cuernos de 20 rinocerontes. Este enfoque busca aprovechar los detectores de radiación ya instalados en las fronteras nacionales para identificar los cuernos y facilitar la detención de cazadores furtivos y traficantes.
'Unicornios' al borde de la extinción
Ceratotherium simum
Longitud: llega a los 4,20 m. Peso: más de 3 t. Población en libertad: 20.160. Estado de conservación: casi amenazado. Tiene el hocico más chato
Diceros bicornis
Longitud: unos 3,50 m. Peso: poco más de 1 t. Población en libertad: 4880. Estado de conservación: en peligro crítico. Es el más amenazado de África
Rhinoceros unicornis
Longitud: mide unos 3,40 m. Peso: casi 2 t. Población en libertad: 2700. Estado de conservación: vulnerable. Responsable del mito del unicornio.
Rhinoceros sondaicus
Longitud: 3,05-3,44 m. Peso: 1,5 t. Población en libertad: 150-250. Estado de conservación: en peligro crítico. Es el más esquivo de todos ellos.
Dicerorhinus sumatrensis
Longitud: 2,36- 3,18 cm. Peso: no llega a 1 t. Población en libertad: 200. Conservación: en peligro crítico. Es el más amenazado del mundo.
El procedimiento implica sedar al animal, perforar un orificio en el cuerno, introducir el radioisótopo y rociar 11.000 micropuntos sobre todo el cuerno. Los investigadores aseguran que el proceso no es doloroso para los animales. Según el profesor James Larkin, que encabeza el proyecto, esta estrategia permite utilizar una red global de monitores de radiación diseñada para prevenir el terrorismo nuclear, adaptándola para interceptar cuernos traficados. «Estamos aprovechando esa infraestructura para proteger a los rinocerontes», dijo.
La última fase del proyecto consiste en tratar al animal siguiendo su estado de salud, tomando muestras de sangre para asegurar que los rinocerontes estén sanos y protegidos. El material radiactivo permanece cinco años en el cuerno tratado, lo cual resulta menos costoso que descornar cada 18 meses, asegura Larkin.
Aunque la iniciativa ha recibido apoyo en algunos sectores, también enfrenta críticas éticas y dudas sobre su eficacia. Pelham Jones, presidente de la Asociación Privada de Propietarios de Rinocerontes, cuestiona que esta medida pueda disuadir a los cazadores furtivos. «Ellos ya han encontrado formas de sacar los cuernos del país evitando los cruces fronterizos tradicionales, que saben son áreas de alto riesgo», ha apuntado.
Por su parte, la profesora Nithaya Chetty, decana de la facultad de ciencias de la Universidad de Witwatersrand, asegura que la dosis de radiactividad utilizada es mínima y que su impacto en los animales ha sido evaluado exhaustivamente para garantizar su seguridad. «La dosis de material radiactivo es lo bastante débil para no impactar ni en la salud del animal ni en su entorno», ha explicado. El tiempo dirá cuán efectivo resulta el proyecto.
Cuando los guardias localizaron a la rinoceronte con la que empezábamos el artículo una semana después de que la despojaran de sus cuernos, la hembra buscaba desesperadamente a su cría. Por desgracia era una búsqueda inútil. El pequeño había muerto de inanición. Y aunque la hembra se salvó milagrosamente, su cuerno al final le costó la vida a un rinoceronte.
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Fernando González-Sitges
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E. Font
Marcos Lupión, informático
Carlos ManUel Sánchez en colaboración con fundación BBVA / Foto: Fundación BBVA
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