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¿Por qué unas parejas funcionan y otras no?

La bolsa del amor

¿Por qué unas parejas funcionan y otras no?

Ilustración: Mekakushi

Si el amor fuera como jugar en Bolsa, ningún asesor recomendaría una boda como inversión. La probabilidad de que acabes vendiendo las acciones y en la ruina es del 40 por ciento. Sin embargo, algunas parejas triunfan y son «felices para siempre». ¿Cuál es su secreto?

Viernes, 23 de Febrero 2024

Tiempo de lectura: 7 min

Supongamos que una compañía quiere cotizar en Bolsa. El brillante folleto informativo asegura que la sociedad anónima que emite las acciones es una empresa muy atractiva y, por tanto, una inversión ideal a largo plazo. Pero ponen una condición: no puedes comprar solamente unas pocas acciones, tienes que invertir todo tu patrimonio. Los analistas, al estudiar la cartera, advierten que no se trata de una inversión segura, que no parece probable que la acción vaya a tener un buen comportamiento. Incluso determinan que la probabilidad de que acabes vendiendo los valores muy cabreado es del 40 por ciento. ¿Quién en esas circunstancias, y en su sano juicio, pondría todos los huevos en esa sola cesta? ¿Un fondo de inversión? ¿Un algoritmo? Definitivamente, nadie. Pero tú, probablemente, tú sí…

Imagina que la acción emitida es una historia de amor. La probabilidad de que sea una mala inversión está entre el 90 por ciento (si tú y tu pareja solo vivís juntos) y el 40 por ciento (si estáis casados). En este tipo de inversiones de alto riesgo, antes de comprar hay que discutir mucho con el banco y con asesores bursátiles. En el Registro Civil, en cambio, nadie te habla del riesgo del divorcio y de sus costes posteriores, solo de oportunidades, de la felicidad de una relación satisfactoria. Y precisamente eso, la felicidad en pareja, es lo que todos andamos buscando…

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| Mekakushi

Los antropólogos estadounidenses William R. Jankowiak y Edward F. Fischer analizaron 166 culturas del mundo y descubrieron que el concepto de amor existe nada menos que en 147 de ellas. Y no solo eso: tener una relación estable era uno de los objetivos más importantes en la vida para el 80 o incluso el 99 por ciento de los encuestados.

Ese deseo de vida en pareja casa mal con las tasas de divorcio, que no paran de aumentar. De hecho, hoy el tribunal de familia separa a más parejas que la muerte. ¿Tantas rupturas han hecho que disminuya el número de matrimonios? No, al contrario, la cantidad de 'sí quieros' aumenta porque hay más segundas y terceras bodas, que curiosamente tienen un riesgo de fracaso aún mayor que la primera.

Que la vida en pareja sea uno de nuestros objetivos vitales parece indicar que estas relaciones satisfacen nuestra necesidad de seguridad, cercanía y conexión con más intensidad que la amistad o la pertenencia a un club deportivo. El porqué de esto lo explican los biólogos evolutivos: en una relación amorosa estable, el hombre podía estar seguro de que estaba criando a sus hijos y no a los de otra persona; y la mujer podía contar con él para aportarle las 100.000 calorías extra que necesitaba durante el largo periodo de lactancia.

Afortunadamente, todo esto ha dejado de ser un problema en muchas partes del mundo, pero, en cambio, existen investigaciones con resultados poco alentadores: las personas profundamente enamoradas muestran altos niveles de dopamina y serotonina, conocidas como 'las moléculas de la felicidad', que provocan excitación, placer e impulsividad. Pero, después de esta luna de miel, la felicidad va cuesta abajo. En especial durante los primeros cuatro años, después se alcanza cierta estabilidad. Y tras ocho años vuelve una fase de erosión.

Retomemos el ejemplo de la Bolsa: a veces las acciones suben al principio y luego su valor disminuye gradualmente. Algunos inversores se deshacen de su paquete y prueban con otra compañía; otros las mantienen porque han obtenido una pequeña ganancia o simplemente resisten, esperando mejores tiempos... Pero ¿qué caracteriza a las parejas que han apostado por la acción adecuada, esas que permanecen felices durante años? Vayamos por partes.

La dificultad de que la pareja encaje

El primer indicador de la estabilidad de una relación es el nivel de satisfacción que hay al principio de la misma: quien comienza muy muy muy feliz sigue siendo bastante feliz después de muchos años; una acción con un comienzo espectacular tiene que caer mucho para estar por debajo de la media. Pero, desengañémonos, solo el 4 por ciento de las parejas entra en la categoría de parejas felices. La buena noticia es que ese 4 por ciento obtiene un beneficio doble: también están más sanos. Los comportamientos saludables se contagian; por ejemplo, se vacunan contra la gripe porque su pareja también lo ha hecho. Ahora, si la relación comienza regular, su pequeña felicidad se convertirá gradualmente en una gran desgracia. Desafortunadamente, esto afecta al 54 por ciento de todas las parejas.

«Los polos opuestos se atraen» no es una buena receta para que la pareja sea feliz a largo plazo. Los estudios aseguran que el amor se mantiene si ambos comparten los mismos valores

La respuesta a por qué algunas relaciones siguen siendo felices parece fácil: porque los socios encajan a la perfección. Pero lograr ese encaje no es tan sencillo. Si difícilmente nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a saber quién nos complementa? No solo eso, además no siempre buscamos lo mismo. Investigadores de la Universidad de Colorado han descubierto que las mujeres encuentran atractivos los rasgos faciales masculinos durante la fase fértil de su ciclo, pero prefieren rasgos más femeninos los otros días. Conclusión desde la perspectiva de la biología evolutiva: los hombres con mucha testosterona son los preferidos para concebir hijos, pero los que tienen más estrógenos son los elegidos para criarlos.

Si quieres conocer a alguien, lo mejor es sentarte en un bar cuando está a punto de echar el cierre: en ese momento, todo el mundo se vuelve más atractivo. Así lo asegura un estudio de la Universidad noruega de Aarhus. Y no, no es por el alcohol. Lo llaman 'efecto cierre': al disminuir el número de posibilidades de 'contactar' por la falta de tiempo, la oferta se vuelve más atractiva. Pero ojo: el 'amor a primera vista' no tiene buen pronóstico.

El apego y las ilusiones positivas

Sigmund Freud ya proclamó que la base para una relación exitosa está en la infancia. Los psicólogos ahora se centran en el apego: tener un vínculo seguro con la madre y el padre es básico para una futura relación feliz. Este vínculo solo se desarrolla si los padres son sensibles a las necesidades del niño y viven una relación armoniosa. Según un estudio, el 56 por ciento de los europeos cuenta con ese apego seguro y, por lo tanto, son un buen punto de partida para una felicidad amorosa duradera. La teoría del apego desarrollada por el psicólogo inglés John Bowlby mantiene que las personas con un apego seguro son más positivas y abiertas hacia su pareja y muestran su cariño. Algo fundamental, ya que es precisamente la falta de amor y de aprecio una de las principales razones de las rupturas.

Otra de las ventajas del apego es que quienes lo sienten de manera profunda por otra persona la ven de forma positiva: más inteligente, más bella. E incluso sus errores son menos molestos. Estas ilusiones positivas sobre tu pareja tienen el efecto positivo de eliminar la competencia. Nadie puede compararse con esa persona tan radiante. Así que mantén tus lentes de color de rosa puestos y tendrás una relación más feliz que aquellos que constantemente someten a su pareja a un test de estrés con la realidad.

¿Pero qué hace que una persona sea radiante a tus ojos? La sabiduría popular tiene dos teorías: 'los opuestos se atraen' y 'a los pájaros de distinto plumaje no les gusta mezclarse'. ¿Y cuál es la correcta? La ciencia tiene una respuesta clara: a los pájaros del mismo plumaje les gusta mezclarse y cuanto más parecidos, mejor. Un estudio realizado por la Boston University School ha demostrado que las parejas con relaciones satisfactorias a largo plazo tienen estructuras de personalidad similares. Si ambos son más extrovertidos, no importa cuán fuerte sea la extroversión: lo que importa es que sigan el mismo patrón.

La atracción de la similitud se aplica con especial fuerza a nuestros valores. Cuanto más cerca estén los socios de sus creencias fundamentales, mayor será la probabilidad de que su relación dure. El deseo de similitud es tan fuerte que en la primera fase de una relación las personas cambian de opiniones para adaptarse a la de su pareja. En cualquier caso, lo importante es que los amantes estén convencidos de que son similares. Precaución: si notas en algún momento que tu pareja tiene una actitud diferente, no cometas el error de presionar para que cambie. Los estudios demuestran que esto solo hace que te vuelvas menos atractivo.

Por su parte, la teoría de la atribución revela un secreto sobre el funcionamiento de las parejas: esta teoría de la psicología social analiza las características que uno se atribuye a sí mismo y al otro. Un ejemplo: ninguno de los dos ha vaciado el lavavajillas. Si los socios interpretan esto en el sentido de que ambos están sobrecargados de trabajo, entonces eso es bueno para la relación. Pero si uno de los dos piensa que el otro es vago, eso es un clavo en el ataúd.


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