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¿Te pesarías para subir a un avión? (Te sorprenderá la respuesta)

Polémica por la medida de una aerolínea finlandesa

¿Te pesarías para subir a un avión? (Te sorprenderá la respuesta)

Una compañía aérea de Finlandia pide a sus pasajeros que se pesen junto a sus equipajes de mano. Dicen que por seguridad... Con la gordofobia como fondo, arrecia el 'sinuoso' debate: ¿es justo que a una persona de 70 kilos le cobren por su maleta de 20, mientras que a alguien que pesa 140 y viaja con un bolso de mano no le cobren nada? Para intentar aclararlo te explicamos cuándo y por qué empezaron las aerolíneas a cobrar un extra por el equipaje.

Lunes, 04 de Marzo 2024

Tiempo de lectura: 8 min

Viajar en avión se parece cada vez más a una gincana, esas competiciones alocadas en las que hay que ir superando pruebas. Después de la cola de acceso a las salas de espera y de 'desnudarse' para pasar los detectores, todavía queda el reto de subir al avión... ¡y colocar la maleta en el compartimento superior! En ese tramo final, hay que superar las colas de quienes, pese a tener asientos numerados, se apresuran en llegar los primeros a la puerta de embarque, y, finalmente, el 'gran desafío': superar la prueba del peso. Y eso que hasta ahora solo había que pesar la maleta; ahora quieren pesarte también a ti.

Finnair pide a sus pasajeros que, «de forma totalmente voluntaria y anónima», se suban a una báscula, con el objetivo de mejorar los cálculos de equilibrio del avión y garantizar despegues más seguros

Ha sido la compañía aérea de Finlandia, Finnair, poco sospechosa de incorrección política, la que se ha atrevido a plantearlo. Piden a sus pasajeros que, «de forma totalmente voluntaria y anónima», se suban a una báscula, junto con su equipaje, antes de acceder al avión. Dicen que tiene como objetivo obtener más información sobre el peso total del aparato; así podrán mejorar los cálculos de equilibrio de los aviones y garantizar despegues más seguros. Para ello, alegan que necesitan conocer con precisión el peso variable de los pasajeros y sus equipajes de mano. Y claro, en algunos casos, también de esas capas de ropa de más y otras estrategias que muchos pasajeros exponen en sus redes sociales al conseguir subir su 'exceso' con ellos.

Los resultados del pesaje, que se llevará a cabo hasta mayo de este año, serán enviados a Traficom –una agencia de transporte y comunicaciones– para ser utilizados como guía de carga del avión hasta el 2030. Satu Mannukka, responsable de procesos en tierra de Finnair, asegura que «los datos recogidos no están vinculados de ninguna manera a los datos personales del cliente. No pedimos el nombre ni el número de reserva». La información queda registrada en una base de datos que incluye el peso total del pasajero, edad y sexo.

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Las reacciones de los pasajeros ante la sugerencia de subirse a la balanza han sido diversas. Por un lado, más de 600 voluntarios se pesaron sin complicaciones el mismo día que se implementó la medida. Suvi Aaltonen, la portavoz de Finnair, aseguraba: «Nuestros clientes han abrazado esta idea de manera muy positiva. Nos ha sorprendido la cantidad de personas que están dispuestas a participar en esta experiencia única». En redes sociales, en cambio, muchos usuarios criticaban la medida por ser «gordofóbica» y «humillante» y lo han tachado de invasión de datos personales de los pasajeros.

Samoa Air aplicó en 2013 una controvertida política de cobro respecto al peso del pasajero. En vuelos domésticos, de corta duración, el kilo estaba alrededor de un dólar

Lo que nadie cree es que la decisión de Finnair sea 'inocua' y solo por 'seguridad'. Es obvio que la 'rentabilidad' está entre las prioridades de la compañía. Cuanto más pesa el avión, más combustible consume y más caro es el vuelo. Pero al mismo tiempo, cada vez caben más personas por vuelo, para que los ingresos sean mayores.

El ancho promedio de los asientos de los aviones –y el largo: la distancia entre unos y otros– se ha ido reduciendo progresivamente en los últimas décadas, al mismo tiempo que los cuerpos se están agrandando en todo el mundo, en peso y en altura. Es decir, cada vez a más pasajeros les resulta difícil encajar en los asientos. Uno podría pensar que la solución es volver al espacio anterior, pero eso sería 'mal negocio': cabrían menos pasajeros. Así que las compañías están tentadas a optar por lo contrario: doblar la apuesta y optar por monetizar el fenómeno. Es decir, cobrar por el sobrepeso de la persona, como si fuese una maleta.

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Pasar por la báscula. La mayor parte de los viajeros de Finnair aceptaron pesarse antes de subir al avión. Se pesan junto a su equipaje y se garantiza el anonimato de los datos.

No es una idea nueva. Lleva planteándose más de una década, pero supone tales problemas éticos que se sigue 'aplazando', aunque en países como Estados Unidos, donde el porcentaje de personas con sobrepeso es muy elevado, ya se ha intentado regular el espacio que ocupan en los aviones. Algunas compañías exigen que «los clientes que requieren asientos adicionales» compren dos asientos; otras, que también lo piden, reembolsan la compra adicional a posteriori, si uno o más asientos han quedado disponibles después del despegue.

En Australia y Canadá está prohibido que las aerolíneas cobren a los pasajeros cantidades diferentes según el tamaño de su cuerpo, porque la obesidad se reconoce como una discapacidad y esos pasajeros de talla grande cumplen con los requisitos para un asiento adicional gratuito. En Europa no se considera esta posibilidad, pero si la persona con sobrepeso supone una incomodidad para los pasajeros de los asientos próximos, suelen considerar la opción del asiento adicional gratuito.

La industria aeronáutica mundial obtiene 30.000 millones de dólares al año de las tasas por equipaje. Con el aumento de los costes del combustible, no es probable que renuncien a esos ingresos

Además del argumento de que ser obeso no es una opción, sino una enfermedad por la que no deben ser penalizados, cobrarles por su peso excesivo implica una incoherencia intrínseca: las aerolíneas no ofrecen descuentos a las personas de menor estatura o peso, ni siquiera a los niños, a pesar de que son mucho más livianos y, en consecuencia, se consume menos combustible para transportarlos.

Pero ha habido aerolíneas que lo han aplicado y de forma radical. La aerolínea Samoa Air comenzó a aplicar en 2013 una controvertida política de cobro respecto al peso del pasajero. En vuelos domésticos, de corta duración, el kilo estaba alrededor de un dólar. Además, dispuso asientos XL para pasajeros que pesasen más de 130 kilos, con un coste extra. Samoa Air dejó de operar poco después por problemas financieros diversos, pero Chris Langton, su director ejecutivo , dejó plantada la semilla: «La gente entenderá muy pronto el sistema de pago por peso. Se preguntarán por qué la gente más ligera tiene que pagar por la gente más pesada si, al mismo tiempo, les están cobrando el exceso de peso en su equipaje».

Quizá por eso los finlandeses se han mostrado proclives a pesarse... por eso y porque hay pocos finlandeses obesos.

Fue tras la crisis financiera de 2008, cuando las aerolíneas separaron las 'ventajas estándar' de los llamados 'servicios opcionales' y decidieron colocar la facturación de maletas en esta última categoría

Pero el origen del problema no es el aumento del sobrepeso en humanos sino la estrategia de gestión del equipaje de las aerolíneas.

Entre las muchas cosas odiosas de los viajes en avión, la gestión del equipaje de mano ocupa un lugar destacado. Los aviones están abarrotados, y todo el mundo parece tener más cosas y más grandes de las que el avión puede acomodar. Un artículo de The Atlantic explica cómo empezó todo y por qué tiene difícil solución.

Tras la crisis financiera de 2008, comenzó la 'desagregación'. Presionadas por el aumento de los costes del combustible y la competencia de las aerolíneas de bajo coste, las compañías aéreas separaron las 'ventajas estándar', como hasta entonces era las maletas facturadas de forma gratuita, de los llamados 'servicios opcionales', aquellos que los viajeros podían comprar o a los que podían renunciar. Y las maletas pasaron a ser un 'servicio opcional', o sea, de pago. Por eso, para evitar esos costes añadidos (y para evitar el tiempo de espera en el carrusel de recogida de equipajes), cada vez más gente opta por el equipaje de mano.

Resolver la crisis del equipaje de mano es difícil: las variables son muchas y los incentivos para cambiarlas están en conflicto. La industria aeronáutica mundial obtiene actualmente casi 30.000 millones de dólares al año de las tasas por equipaje. Con el aumento de los costes del combustible, no es probable que las aerolíneas renuncien a esos ingresos en un futuro próximo.

La única esperanza de que lo consideren es el tiempo que tardan en cargar y descargar los aviones. El equipaje de mano retrasa notablemente la salida y entrada de los pasajeros. Si llevaran menos, los horarios de las aerolíneas serían más eficientes.

Pero de momento, el objetivo sigue siendo cómo colocar el equipaje de mano de la forma más eficiente.

Teague, la empresa que ha diseñado todos los interiores de los aviones Boeing desde 1946 (cuando los compartimentos superiores no eran más que estantes para sombreros), admite que los compartimentos superiores son uno de los desafíos más complejos. No se deben abrir nunca accidentalmente y los pasajeros y auxiliares de vuelo tienen que poder cerrarlos con poco esfuerzo. Y, además, deben asegurarse de que el equipaje no se mueva tanto que se caiga cuando un pasajero vaya a recogerlo, lo que es especialmente difícil con las nuevas superficies plásticas de las maletas. Pero sobre todo, cada día tienen que caber más cosas, hasta el punto de que uno de los diseñadores industriales de Teague lo plantea así: «Es como una carrera armamentística entre Airbus y Boeing por ver quién tiene los compartimentos más grandes».

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