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El hallazgo del Rancho Izaguirre, en marzo, confirmó la crueldad del cártel de Jalisco: atraía a los jóvenes con falsas ofertas de trabajo y los llevaba allí. Quienes se negaran a entrar en el cártel o intentaran huir eran asesinados. Además de calzado y ropa, se hallaron cenizas con fragmentos de huesos y dientes.

Buscando a los desaparecidos del narco en México

"Vivimos en un cementerio"

Los familiares de los miles de desaparecidos por el narco mexicano se han organizado para localizar fosas comunes. Acompañamos a una de estas organizaciones que tratan de encontrar a sus hijos.

Pablo tenía solo 17 años. Eran las 10 y media de la mañana cuando su madre lo vio por última vez. El chico salió de casa para atender una oferta de trabajo. Nunca regresó.

Dos años después, su madre, Alejandrina Orozco, se encuentra en la plaza de Tepic, la ciudad donde su hijo tenía la cita de la que ... nunca volvió. «Estudiaba informática –dice ella–. Quería ser programador». Desde entonces, Alejandrina pega fotos de su hijo en farolas y portales. Un día, mientras lo hacía, se le acercó alguien. «A tu hijo se lo llevó el cártel», le dijo. Poco después, el propio Pablo contactó con ella vía Facebook: «¡Ayúdame, mamá! El cártel de Jalisco me tiene preso».

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