Cinelandias

'Testigo de cargo', complicidad, escalofríos y 'mala uva'

Charles Laughton se muestra colosal en esta obra de Billy Wilder donde la mordacidad habitual del director de vuelve venial, batida al punto de nieve. Basada en un drama de Agatha Christie, la película se balancea entre la comicidad y la intriga de un modo desinhibidamente superficial. 

Por Juan Manuel de Prada

Viernes, 21 de julio 2023, 09:08

Aceptemos que Testigo de cargo (Witness for the Prosecution, 1957) no es una de esas películas que se estudian en los manuales de cinematografía como hitos fundacionales de tal o cual escuela fílmica, ni como epítomes del vanguardismo, ni como pioneras de tal o cual alarde formal o narrativo.

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Testigo de cargo es cine de entretenimiento sin tapujos, desinhibidamente superficial, de una amenidad chispeante que no desdeña aprovecharse de la ingenuidad del espectador, ... urdir trampas argumentales rocambolescas, retorcer los giros de la trama hasta la inverosimilitud… Y, para más inri, afiliándose sin rubor a dos de los subgéneros más denostados por los cinéfilos de pata negra, el whodunit y el drama judicial, tomándoselos ambos a chirigota, o siquiera a chiribita, porque toda la película es como una suerte de espejuelo que busca el cabrilleo de la luz para despistar, engañar, confundir y divertir al espectador, como hace Charles Laughton con su monóculo, para poner a prueba a sus clientes.

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