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Bicicletas compartidas, un negocio no siempre tan rodado

Luces y sombras de una revolución urbana

Bicicletas compartidas, un negocio no siempre tan rodado

Las ciudades de Europa están plagadas de bicicletas compartidas. Sus defensores argumentan que es el transporte urbano perfecto: limpio y saludable. Sin embargo, no todos los expertos están de acuerdo. Cada pedaleo, además, esconde un negocio millonario... Y no es el alquiler. Te lo contamos.

A simple vista es como contemplar un tejido artesanal de coloridas lanas. Las hay verdes, azules, amarillas y naranjas. Pero solo hay que fijarse un poco más para intuir las ruedas, los manillares… Son cientos, a veces miles, de bicis dispuestas ordenadamente en los aparcamientos públicos de ciudades como Pekín o Shanghái. No pertenecen a particulares, sino a las empresas de bicis compartidas o bike sharing, que han crecido de manera exponencial en Asia, exportando la fiebre por las dos ruedas a todo el mundo.

En 1965, un grupo anarquista de Ámsterdam pintó 50 bicis de blanco para reclamar el fin del consumismo y la contaminación y las repartió para su uso gratuito por la ciudad. Tuvieron que retirarlas, pero había nacido un movimiento que en los noventa se dispararía en Europa. En la imagen que, más arriba, abre este reportaje, una vista aérea de las 4500 bicicletas de uso compartido confiscadas en Shanghái, China, porque estaban mal estacionadas y causaban problemas a los peatones y al transporte público.
Año 1965: Así empezó todo. | En 1965, un grupo anarquista de Ámsterdam pintó 50 bicis de blanco para reclamar el fin del consumismo y la contaminación y las repartió para su uso gratuito por la ciudad. Tuvieron que retirarlas, pero había nacido un movimiento que en los noventa se dispararía en Europa. En la imagen que, más arriba, abre este reportaje, una vista aérea de las 4500 bicicletas de uso compartido confiscadas en Shanghái, China, porque estaban mal estacionadas y causaban problemas a los peatones y al transporte público.

Pero la que, en teoría, podría ser una gran noticia para el medioambiente y un modelo de negocio que podría revolucionar el transporte público también ... se ha convertido en una pesadilla logística (y ecológica). Las montañas de bicicletas en malas condiciones son una imagen cada vez más habitual en muchas capitales, donde ya hay auténticos cementerios de bicis que los municipios, a menudo, no son capaces de gestionar. Son las dos caras de un fenómeno global que supone un desafío logístico y regulatorio para los ayuntamientos y que ha desatado una guerra sin cuartel entre decenas de operadores que quieren hacerse con un negocio potencialmente multimillonario.

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