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No soy de las que se conforman con una ensalada», dice la gigantesca Queen Latifah en algún momento de Jugada perfecta . Es su marca de fábrica y el pie idóneo para que el publicista prepare el tráiler y el material publicitario del filme. Y es que Jugada perfecta es eso que en la industria yanqui vienen llamando, desde tiempos inmemoriales, un vehículo para la estrella; un vehículo para Latifah hecho a las medidas inabarcables de una actriz que en Estados Unidos es muy popular, esencialmente entre la comunidad negra.
Queen Latifah es una buena actriz que merece algo más que un vehículo de pega como Jugada perfecta; lo demostró en Chicago , en Hairspray y sobre todo en Hasta el final , donde llenaba de humanidad, nunca mejor dicho, su personaje de delincuente lesbiana que, como James Cagney, enciende su último cigarrillo antes de cargar con su coche contra la policía. Pero no dejan de fabricarle vehículos de misérrima calidad como Se montó la gorda, aquella horripilante comedia de ilustrativo título castellano o como esta Jugada perfecta , que es de una banalidad palmaria.
Así que Queen Latifah encarna a una gorda fisioterapeuta de Queens (Nueva Jersey) enamorada de su paciente, estrella de la NBA que solo ve en ella una colega oronda, mientras se deja engañar por la pérfida amiga de la protagonista, egoísta flaca con ambiciones. Jugada perfecta resulta tan previsible que cualquier espectador puede marcharse a media función y tan liviana que en ningún momento sentirá cosquillas en ninguna parte de su cuerpo; menos aún en el cerebro.
El trabajo de cásting es penoso. La Jackie Brown de Tarantino, la legendaria y antaño belicosa Pam Grier, no da para nada de mamá preocupada. Y ese pésimo actor conocido por el sobrenombre de Common parece que en lugar de besar a la chica la va a asesinar cuando la mira con su careto agresivo, perfecto para encarnar a un homicida sin dobleces y muy alejado del jugador sensible que en la intimidad toca el piano. Detrás de la puerta cerrada que tanto llama la atención a Latifah y a Paula Patton, Common debería esconder un quirófano de disección. Pero esa sería otra película, más divertida.
Para qué insistir, ¡ Jugada perfecta empieza con un desayuno!, el de Latifah. ¡No esperan ni a que pasen los créditos para ponerla a comer! Luego, hay que dejar, muy pronto y bien clara, la desesperación de la gorda por encontrar pareja, así que el directed by va sobre una cita a ciegas, que, por supuesto, sale mal. Pero en fin, al menos Latifah casi nunca juega a cisne, que era otro peligro latente.
Eso sí, los aficionados a la NBA encontrarán clips de jugadas y un desfile nombres as himself de los Netz de Nueva Jersey, con su líder Bobby Simmons al frente. Y los amantes del jazz agradecerán una aparición especial de Terence Blanchard. A los demás, Jugada perfecta nos habrá parecido una espantosa pérdida de tiempo.
«Jugada perfecta». (Just Wright). EE.UU., 2010. Dirección: Sanaa Hamri. Intérpretes: Queen Latifah, Common, Paula Patton. Comedia romántica. 105 minutos.