Peter Pan Alicia
Parece que está de moda minusvalorar las últimas obras de los más importantes cineastas, pasó recientemente con Eastwood, Scorsese o Polanski y ahora le toca el turno a Tim Burton. Las críticas ¡hablan incluso de un filme adocenado! Y sin embargo, esta Alicia vuelve a colocar al autor en la cima, con una obra maestra más. Burton y su guionista inciden en los pasajes más cómicos de las obras de Carroll y dotan cada escena de una profundidad icónica que permite al espectador paladear un precioso revoltijo, bien cocinado por la mano de Burton, de Freud, Dalí, Arthur Rackham, Friedrich, los prerrafaelistas, el teatro negro de Praga, Cocteau, Luis Buñuel... Alicia cae por la madriguera del submundo acompañada de un piano, un reloj, una cama, libros? en fin, casi como en El perro andaluz. Pocas obras cinematográficas de las últimas décadas reúnen riqueza semejante. El lago de las cabezas cortadas, como caldo de un mal desayuno, el muro con la brecha femenina o el bosque bajo una lluvia dorada de hojas son momentos de inolvidable sabor surreal.
Genial sombrerero
Están el camino, la identidad, la dificultad de adaptarse a crecer y la aceptación de las reglas del juego de la vida adulta, pero también la pulsión amorosa tratada de modo sublime. Habrá que escuchar en versión original a Johnny Depp, genial Sombrerero Loco, despidiéndose de Alicia y susurrándole al oído: «Buen viaje». Solo Depp, especie de polimorfo retocado por la vara de síntesis, podría preguntar de esa manera en que se parecen un cuervo y un escritorio.
Alicia ha sido desde la playmate Kristine DeBell a la candorosa Tina Majorino, pasando por los rasgos animados de la línea clara disneyiana y ¡hasta un barbado Donald Sutherland!, pero a partir de ahora no reconoceremos otro rostro que el de Mia Wasikowska. La actriz que nos asombró interpretando a la jovencita que trataba el terapeuta Gabriel Byrne en la serie In Treatment encarna aquí a una criatura de Botticelli, cargada de falsa dulzura y pura energía; cuando se enfunda la armadura plateada y cabalga melena al viento sobre el maravilloso y fiero Magnapresa, esta Alicia es tan hermosa e inquietante como una Judit botticelliana.
Escenas en auténtico relieve
En la línea de desacreditar injustamente la película de Tim Burton, se ha dicho que fue pensada para dos dimensiones y, posteriormente, hinchada a tres para aprovechar el tirón en taquillas del nuevo sistema de proyección. Podemos asegurar que a través del espejo de las gafas 3D, Alicia adquiere su auténtico relieve: unas profundidades virtuales de poderoso aroma y encanto, conjugando la textura del ordenador con las de los viejos libros troquelados. La belleza del conjunto es insuperable, desde el incorrecto humo que nos sopla la oruga azul hasta los créditos finales con la orla de vegetación creciendo incontenible. Si Alicia no fue pensada para 3D, el trabajo de adaptación ha sido maestro.