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El concierto

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PELÍCULA RECOMENDADA S. C.
Director:
Radu Mihaileanu
Duracion:
119
Género:
Comedia
Intérpretes:
Aleksei Guskov, Mélanie Laurent, Dmitri Nazarov, Valeriy Barinov, François Berléand, Miou-Miou, Lionel Abelanski
Argumento:
Un director represaliado de la antigua URSS ve en un viaje a París la hora de la revancha, reúne a viejos amigos músicos y se hace pasar por la auténtica orquesta del Bolchoï.
1 estrella: Mala, 2 estrellas: Regular, 3 estrellas: Buena, 4 estrellas: Muy buena, 5 estrellas: Obra Maestra"
 
La Crítica: César Wonenburger

Una película para amantes de Chaikovski y alguno más

De Francia llega avalada por el éxito de su millonaria audiencia y los premios cosechados en los César -los reconocimientos que otorga cada año la academia gala- una película del director rumano Radu Mihaileanu, autor de la excelente Vete y vive, pero con toda seguridad no demasiado conocido por estos pagos. Más allá de que para los aficionados y profesionales (tanto de la gestión como de la interpretación) de la música llamada clásica sea una cita ineludible, que les deparará un buen rato, lo cierto es que este filme, modesto en apariencia pero ambicioso en sus resultados, reúne cualidades suficientes para aconsejar sin grandes reservas su visionado.

Aunque en algunos momentos su trama se torne previsible y amenace con deslizarse por la pendiente siempre temible del sentimentalismo, en conjunto, es difícil encontrar en el cine más comercial de ahora mismo obras en las que, como se logra en El Concierto, se eche mano de elementos tan dispares, prestados de los más diversos géneros, de la comedia más delirante al drama realista, y poder articular con todo ello un cóctel agradable, en el que los distintos ingredientes parecen casar con suavidad y sin abusar de la inteligencia del espectador. Porque si hay algo que destaca precisamente en la puesta en escena de Mihaileanu es ese toque ligero que le permite pasar de un tema a otro evitando posibles turbulencias, con cierto sentido musical para las transiciones y un ritmo muy bien administrado. Y no es que su película carezca de densidad: hay gran cantidad de asuntos que se ofrecen para una más pausada reflexión posterior, pero la mirada irónica desde la que su director los presenta le permite, a veces a través de un leve trazo, exponer cosas importantes con una gran economía de medios. Por ejemplo, la secuencia de la llamada de teléfono, cuando los angustiados músicos están esperando en Moscú la decisiva llamada del director artístico del Châtelet parisino, es profundamente reveladora de dos mundos opuestos y bien diferenciados: el que representa el arte convertido en mero objeto de consumo administrado por hábiles expertos en márketing y el de quienes aún creen en sus posibilidades de establecer a través de este una suerte de comunicación superior. Y además es capaz de resolver el desenlace, con el emotivo momento del concierto final, a través de una hábil fórmula que recuerda al Coppola de los Padrinos, y de la que no conviene desvelar más en estas líneas.

En el filme, Andrei Filipov es un director de orquesta represaliado durante los tiempos siniestros de Breznev, que pasó de grabar discos para el régimen a fregar los suelos del hoy devaluado Bolshoi. Una circunstancia inesperada le permite pensar en volver a reunir a los profesores de su antigua orquesta y suplantar a los auténticos del primer teatro moscovita en un concierto que se celebrará en París. A Filipov se le presenta además la oportunidad de dirigir una obra con la que parece especialmente obsesionado, el célebre Concierto para violín de Chaikovski, junto a una joven, afamada y bella violinista llamada Anne-Marie Jacquet (imposible no pensar en Anne-Sophie Mutter). La caótica epopeya del viaje desde Rusia a París, los esperpénticos ensayos, el encuentro entre el maestro (soberbio Aleksei Guskov) y su musa (la hermosa Mélanie Laurent de Gloriosos bastardos)? dan para una sucesión de episodios que van del grotesco asociado con Kusturica (todo lo que tiene que ver con los gitanos) hasta la denuncia del gran guiñol comunista del tipo de Good Bye Lenin.

Y con lagrimita final incluida gracias a la historia, sí, pero también a la música de Chaikovski, aquí reivindicado como traductor en pentagramas de eso que algunos llaman la gran alma rusa.

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El concierto
 
Autor de la imagen: INTERNET
 

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