Yo, también es una película que nos llega con dos premios bajo el brazo que desde un principio condicionan el modo en que nos acercamos a ella. Esos premios son el de Mejor Actor y Mejor Actriz del reciente festival de San Sebastián para sus dos protagonistas. Sabemos por tanto que vamos a ver una película de personajes, con interpretaciones de esas que merecen la pena, y sabemos también que veremos una de esas películas sensibles que tratan la integración de unas personas con una dolencia muy definida, el síndrome de Down. Pero Yo, también aspira a ser más que una película que trate una realidad social, pretende ser ante todo una historia de amor, el amor entre un chico con esta enfermedad y su compañera de trabajo, o más bien, la historia de un chico con síndrome de Down que lo único que pide en la vida (así de simple y complejo a la vez) es el amor de una chica normal.
Claro, pero ¿qué es la normalidad y por qué se ansía de esa manera? En una sociedad donde se busca ante todo la individualidad, el ser diferente para destacar, hay quién lo único que quiere es ser como los demás y el no llamar la atención. Por ello esta es una película concienciada, con una temática social a la orden del día, pero que no consigue el realismo que ante todo pretende.
Y esto viene dado fundamentalmente por su personaje protagonista, ya que Pablo Pineda no es precisamente el ejemplo prototípico de chaval con síndrome de Down. Primer europeo con este síndrome en contar con una licenciatura universitaria, y que se enfrenta como actor a un papel protagonista de este calibre, la película sostiene que él es «así»(y con «así» nos referimos a más cercano a lo que se considera «normalidad») por el esfuerzo y constancia de su madre a lo largo de su vida, cuando la verdad es que, aunque esto sea cierto, hay muchos chicos que no podrán llegar a los niveles del personaje que Pineda representa. No ocurre esto, en cambio, en lo que respecta al personaje de Lola Dueñas. Hay quien sufre de minusvalías físicas o psíquicas congénitas, y otros que sufren de minusvalía emocional, caso de una mujer que arrastra traumas del pasado y que se refugia en el amor desinteresado de este chico, un papel al que Lola Dueñas se enfrenta con absoluta entrega.
Por otra parte, el vaivén de la cámara dota de inmediatez y cercanía a las imágenes, con algunos momentos contados cercanos al documental (como las clases de baile del centro), que potencian el juego con el lado emocional para captar al espectador.
Yo, también es una película sensible y humana con sus claroscuros, que funciona en unos momentos mejor que en otros, que tiene en sus interpretaciones su mejor baza, pero que ante todo imparte sensibilidad a manos llenas.