En cosas de humor cada país es un mundo y buena parte de las criaturas forjadas en el popular show Saturday Night Live de la televisión norteamericana a este lado del charco provocan la gracia de un chiste a un agonizante? salvo muy honrosas excepciones. Will Ferrell no está entre ellas, aunque váyase a saber si no daría otro resultado en una de terror a las órdenes de Wes Craven o de Sam Raimi, o metido en la franquicia gore Hostel . Siete años en el Saturday? (dijo adiós en el 2002) dan para mucho aprendizaje, pero o no acierta en la elección de guiones o lo suyo no lo soluciona ni un viaje a Lourdes. Ahora bien, conviene recordar que Woody Allen lo incluyó en el reparto de Melinda & Melinda (2004), con lo cual es muy posible que Ferrell atesore alguna oculta virtud dramática vedada a este comentarista, sobre todo en este derroche llamado El mundo de los perdidos .
Disparates encadenados
Es lo que se dice un spin-off procedente de una popular serie televisiva en Norteamérica, Land Of the Lost , que en Universal han considerado oportuno apadrinar con un resultado muy tibio en su propio país y cabe suponer que desastroso en el resto del globo terráqueo. Salvo que algún ejecutivo avispado (que no con vista) haya supuesto en su delirio financiero que de aquí a un nuevo parque temático había un paso.
La película es realmente la reivindicación de un carrusel de atropelladas aventuras oscilantes entre la prehistoria, que se lleva la mayor parte de la trama (tiranosaurio incluido, como recién salido de Parque jurásico ) y un futuro lejano. Entre ambos mundos, el científico torpe (Ferrell, faltaría más) y sus acompañantes, andan como periquito por su casa gracias a unas puertas transportadoras. Todo porque al científico le atrapa un vórtice espacio-temporal que supera ampliamente sus incapacidades profesionales, de manera que van de torpeza en torpeza hacia el inevitable happy end .
Anotemos en descarga del producto que de estar dirigido al llamado target infantil-adolescente aún tendría un pase, pero eso tampoco queda claro, pues las gracietas picantonas y algunas escatologías soltadas a palo seco, incluyendo la fase anal, no parecen responder a esa intención. Es verdad que el guión intenta utilizar recursos paródicos trufados con algunas referencias cinéfilas, pero aun así no alcanza. Frasecitas del estilo «La ciencia no tiene piedad» quedarían chulas en otro contexto, pero no en El mundo de los perdidos , que se pulió un talón de varios ceros en dólares en la producción para desesperación de Universal, que se las prometía muy felices. Sin duda su mejor credencial está en sus vistosos decorados (incluyendo el Golden Gate cubierto de arena) y en un generoso despliegue de efectos digitales. Con mucho, lo mejor de un monumental disparate.