El frenético ritmo vital que la organización del trabajo ha impuesto, sobre todo en las grandes ciudades, convierte el hecho natural de la búsqueda de pareja, efímera o con fines de consolidar una relación duradera, en un apunte más en la agenda, entre la visita al asesor fiscal y la compra del pan. Apenas hay tiempo de conocerse y a ciertas edades, teniendo en cuenta que las uniones conyugales se suelen posponer para cuando se tenga empleo fijo (lo cual puede no llegar nunca, y más ahora), coche, piso propio y mucama peruana, la pereza ya no invita a salir de caza hasta apurar la noche para dejarse los tímpanos en algún cutre after.
Breves encuentros
Claro que hoy las ciencias adelantan una barbaridad, y la anécdota de la que parte este inocuo, aburrido y deslavazado filme parece ya obsoleta. Esos encuentros de breves minutos en los que un grupo de solteros en crisis van cambiando de mesas para contactar con varias posibles parejas, y de ese modo encontrar a sus improbables medias naranjas de una noche o cinco años, se han visto rápidamente superados por las nuevas redes sociales: la gente queda hoy a través de Facebook, donde cualquiera se conoce sin necesidad de que el primer encuentro sea de carne y hueso, y con la posibilidad además de construirse una personalidad a la medida de la imaginación.
Nace muerta esta película, superada por el goteo virtual que en su día iniciaron los chats, hoy reservados mayormente a los pederastas; lo cool ahora es el Facebook. Pero eso sería lo de menos si su núcleo temático, ese desconcierto en el que parecen instalados quienes hoy buscan remedio para la única verdad cierta, la radical soledad del hombre, hubiera sido explotado con algo más de interés, estilo, inteligencia y sentido del humor.
No es el caso, a Daniela Féjerman le ha salido otra de esas comedietas infumables, cargadas de tópicos, diálogos estúpidos y situaciones incongruentes que conforman el imaginario del peor costumbrismo asociado al cine español actual. Cuando se compara esta basurilla con el vibrante último cine que, por ejemplo, se está haciendo en Italia no queda más que sentir envidia y algo de vergüenza. Frente a la zafiedad de su delirante realidad política, los italianos responden en su cine por elevación, reivindicando la inteligencia de quienes no estén dispuestos a enfangarse en el lodo. Aquí, en cambio, parece como si el cine se complaciera en ser la perfecta traslación a imágenes inanes y discursos tontorrones de nuestra mediocre clase política. Curiosamente la autora del guión es Ángeles González-Sinde -en complicidad con la realizadora-, hoy ministra de Cultura. Así nos va.
«7 minutos». España. 2009. Dirección: Daniela Féjerman. Intérpretes: Pilar Castro, Luis Callejo, Marta Etura, Toni Acosta. Comedia romántica. Duración: 102 minutos