Algunas de las últimas grandes películas de animación norteamericanas son homenajes, más o menos disimulados, al cine de ciencia-ficción y aventuras de los años cuarenta, cincuenta y sesenta. Estamos pensando, por ejemplo, en Shrek o Los invencibles . Y ese es también el caso de Monstruos contra alienígenas.
El amor por las criaturas B, por la imaginación tierna y cutre de aquellas películas sin medios está detrás de cada segundo de esta pieza sofisticada de diseño, pero con espíritu de serie B. Los monstruos, que el Gobierno captura y guarda en hangares subterráneos para enfrentar al peligro alienígena, están inspirados en referentes cinematográficos muy claros. La protagonista se hace gigante al modo de Allison Hayes en El ataque de la mujer de 50 pies, el eslabón perdido, mitad hombre mitad pez, es la criatura del Black Lagoon de La mujer y el monstruo, el científico loco con cabeza de cucaracha responde a la iconografía del hombre insecto de La mosca , la criatura blandiblup verde de un solo ojo nace en The green slime y el insectosaurio, que luego deviene en mariposa gigante, es un tributo a Mosura, el monstruo japonés más famoso después de Godzilla. El rey alienígena de los tentáculos está inspirado, como ya lo estaban los extraterrestres de Mars attack , en el de Invaders from Mars y el robot sonda lo creó antes el Dr. Satán. También el militar que custodia a los monstruos remite al George C Scott de Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú. El indudable encanto del diseño de los monstruos, listos para el merchandising, la reivindicación de la diferencia como mensaje para los más jóvenes, con el divertido slogan de «el tamaño no importa», y muchos de los inteligentes gags y persecuciones, con la cima de ese gran circo de tres pistas que es la persecución por las calles de San Francisco, coronada con la destrucción del Golden Gate, nos harán olvidar durante hora y media que estamos en la Tierra, «esa gran bola de fango», como la define la cabeza alienígena con tentáculos.