Pamplona, 2001. Camino, niña de once años, se despide de la vida en el cuarto de un hospital. Rodeada de familiares, amigos, sacerdotes y personal clínico, es un ejemplo casi sobrenatural de muerte serena y feliz. Cuando parece que la muerte es ya inevitable, ocurre algo extraordinario que condicionará fuertemente a familiares y profesionales de la medicina.