En el verano de 1977, el astuto y frío ex presidente norteamericano Richard Nixon aceptó conceder una única entrevista televisiva para responder a preguntas sobre su mandato y el escándalo Watergaste que acabó expulsándolo de la Casa Blanca. Nixon escogió al presentador británico David Frost, confiado en que saldría airoso del asunto. Igualmente el equipo de Frost no estaba seguro de que el periodista podría con Nixon.