La Voz de Galicia

José Mota: «Cuando mi mujer y yo discutimos, nos imitamos para que nos dé la risa»

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Ana Montes José Mota

No es de tomarse la vida muy en serio, y aunque está muy enamorado de ella dice que hay muy pocas cosas capaces de arrancarnos una sonrisa. Él sabe cómo hacerlo, y lo utiliza para conquistar, pero no solo a las mujeres.

04 Jun 2016. Actualizado a las 11:04 h.

Acaba de estrenar en RTVE la comedia romántica El hombre de tu vida donde interpreta al seductor Hugo y también le tenemos poniendo voz a Chuck, el pájaro amarillo de Angry Birds, la película. En la nueva serie no encarnará propiamente esos personajes del «paisanaje» que, como la Blasa, tan bien ha sabido esculpir y que, «aunque nos cueste reconocernos, somos ellos». Su misión será hacerse pasar por el hombre perfecto de todas las mujeres que acudan a una agencia matrimonial, algo que acepta «manejando el arte de la mentira para hacer el bien». En la vida real, cree que no lo lograría, ya que en su faceta de seducir, donde los pequeños detalles cuentan, «me despisto un poco», dice.

-¿Has españolizado el personaje de Hugo de la serie original argentina o has añadido algo de ti?

-El trabajo de interpretación siempre se hace desde la verdad, intentando que el personaje salga de ti para que afloren todas sus virtudes. Pero no se trataba de hacer un Hugo propio, sino de hacer un trabajo sin fijarse en nadie. Y creo que eso es lo que hemos hecho entre todos los actores que han pasado por la serie, que ha sido media profesión.

 -Eso de enamorar y seducir... ¿qué tal se te da en la vida real?

-En el arte del enamoramiento me imagino que todos tratamos de sacar y potenciar todas las virtudes que tenemos. Tampoco es que yo haya tenido tantísimas ocasiones para hacer un examen objetivo sobre mi habilidad en seducir. Sé que las mujeres miran mucho los pequeños detalles y creo que yo debería estar más pendiente de ellos porque en eso me despisto un poco.

 -¿Se conquista bien a una mujer con el humor?

-Se conquista no solo a las mujeres, sino también a las personas. El humor abre todos los candados que llevan tiempo oxidados en las relaciones humanas. Es un engrasador maravilloso. La herramienta del humor nos permite quitar hierro a todo y es un ejercicio de inteligencia también para todo aquel que lo utiliza. Además, la sonrisa conquista, claro que sí.

 -¿De qué sueles reírte con tu mujer?

-Lo cotidiano es lo que más gracia nos hace. Todas la historias que los amigos te cuentan, o que tú has vivido y luego las cuentas. Además, en momentos de cabreo hemos hecho un acuerdo previo de romper con el humor cuando estemos discutiendo. Yo la imito a ella o ella a mí, y el otro termina riéndose. Son pequeñas islitas de evasión.

 -¿Guardas bien los secretos?

-No los guardo mal, pero yo tengo pocos secretos y menos grandes. Mis secretos del día a día, mis confidencias las guarda mi mujer, que es quien está siempre conmigo.

 -¿Sueles tomarte la vida muy en serio?

-No, pero amo la vida con todas mis fuerzas. Soy un enamorado de ella. Pero creo que casi nada es para tanto. Hay muy pocas cosas merecedoras de arrancarnos una sonrisa de la cara. En ese sentido no me la quiero tomar en serio. La tomo en serio cuando surge una responsabilidad y tienes que ayudar a alguien. Pero el 80 % de las cosas que nos ocupan o nos preocupan no son para tanto y trato de cabrearme lo menos posible.

 -¿Eres perfeccionista?

-Yo soy muy perfeccionista y si te metes en ese tornillo de que todo tenga que salir redondo, no vives. Y el arte de vivir se trata de eso: de vivir con lo imperfecto, y de hacer de lo imperfecto el arte de la vida.

-Después de hacernos reír tanto, ¿te has planteado que ver tus programas pueda ser terapéutico?

-Lo más bonito que me han dicho vino de una persona que lo estaba pasando muy mal en un momento de su vida. Me dijo que verme le animaba un montón. Eso no tiene precio. Una de las mayores recompensas a nivel profesional es que tu trabajo sirva para animar a los demás. Si a alguien le haces olvidarse de todo, es maravilloso.

 -¿Alguna vez has padecido del típico síndrome del artista: terror a que te descubran en un lugar o te reconozcan, o vas a pecho descubierto y todo eso te da igual?

-No, pero trato de que no me cueste la vida. El hecho de ser conocido no me merece la pena. Sé que la gente me conoce, pero le doy la importancia justa. En realidad eres un profesional pero nadie puede secuestrarte la vida y hacerte vivir una vida en play back, como dice mi amigo Pedro Ruiz.

 -¿De qué no puedes prescindir en tu día a día?

-Yo creo que todos necesitamos un momento de soledad al día y ese momento llega me quedo solo en salón viendo alguna peli. Es un momento de intimidad conmigo mismo que yo necesito para reencontrarme.

 -Tú has creado tu propio estilo de humor, ¿te gusta el mundo que ves?

-Me gusta y me disgusta. ¿Cómo es el mundo: malo o bueno? De ninguna manera. Es como lo hacemos nosotros o como a veces las circunstancias hacen que la gente demuestre cosas que le gustan o no. No me gusta ver comportamientos indignos, el egoísmo, la corrupción, que la gente disponga del dinero ajeno. En ese sentido las miserias del ser humano no me gustan. Pero entiendo que estamos en las puertas de un cambio de concienciación de la gente porque vivimos en conjunto, es muy importante el conjunto de la sociedad, no tú como individuo. ¿De qué puede servirte estar enriquecido como individuo y tener un entorno que no lo está? Para mí es muy importante que la inmensa mayoría de la gente pueda vivir con la máxima dignidad. Pero eso no se puede conseguir con la clase media acojonada, porque la gente es la riqueza de un país.

 -¿Te reconoces en alguno de todos esos personajes que has interpretado?

-Todos formamos parte de ese paisanaje que retratamos aunque nos cueste reconocernos en caras y cuerpos de otros. Pero somos ellos. Entonces el humor tiene mucho de retrato de ruindades y miserias.

-¿A quién de tu entorno se parece la vieja del visillo?

-La vieja del visillo no es nadie en concreto pero nace de todo lo que yo he ido viviendo. Nace de la curiosidad humana y la manera de entenderla. La curiosidad bien llevada te guía a buenos puertos pero, cuando te interesa más la vida de los demás que la tuya propia, eso refleja un vacío interior de la propia persona muy grande. Entonces yo quería contar la flaqueza que existe en la pobreza del mundo interior del ser humano y cómo la curiosidad satisface ese vacío. De pequeño he visto señoras asomadas a la ventana mirando la calle, pero eso no es solo típico de España o de un pueblo: es un hábito humano.

 -¿Qué te mata a ti de curiosidad ahora?

-Personalmente no estoy en ningún momento de fondear, sino de valorar mucho los pequeños momentos, de familia y amigos, y momentos de silencio.

 -¿Todo es parodiable?

-Eso depende del código ético de cada uno. Para mí no, pero que cada uno haga lo que crea oportuno. Yo trato de hacer siempre humor con los personajes, nunca de los personajes. Cuando he hecho parodias, he intentado ser bastante respetuoso. Porque a mí no me parece que se deba hacer humor de alguien sobre cómo gestiona su vida personal. Por eso intento ser ético y coherente con lo que pienso.

 -¿Cómo ves el próximo humor que se hará en España?

-Esto depende de cómo consumimos hoy la información, que es de forma diferente a hace 30 años. La información ha llegado de forma más segmentada y ahora todos tienen más cultura audiovisual. Hemos visto más cosas y cambian las maneras en las que se cuentan las cosas pero los fondos son los mismos. ¿De qué nos reímos? De lo que conocemos porque, si no lo conocemos, no nos puede hacer gracia. Todos hacemos daño, somos, hemos sido ruines alguna vez, así que nos reímos de eso. Y bendito humor que nos permite digerir ese monstruito que todos llevamos dentro y restarle importancia. Porque soltar esos malos humos, nos hace olvidar.

 -¿Y tú qué tipo de humor te ves haciendo?

-La parte humana de la gente y fondear en ella me interesa mucho más que hacer sketches sobre política.


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