El Tea Party
Vigo
26 Nov 2010. Actualizado a las 02:00 h.
A principios del siglo XX, hubo en Madrid una gran polémica porque el inglés colonizaba la lengua española. Un oportunista diputado proclamó en las Cortes que era intolerable que la palabra té comenzase a escribirse con h. El genial Julio Camba, que acababa de volver de su corresponsalía en Londres, le contestó con un artículo estupendo: él había tomado en Inglaterra té con leche y té con limón, té con hielo y té con pastas, pero juraba que nunca había probado el té con h . El único té con hache que él conocía era The Times . El artículo movió a una agria polémica, que fue zanjada con otro escrito del arousano, donde narraba cómo un caballero, en la recepción del hotel Ritz, bramaba contra el inglés: «¿No estamos en España?», decía, «¿No hablamos español? Entonces, ¿por qué hay que llamarle five o'clock a los bocadillos?».
El tema del té vuelve ahora a estar de moda, aunque en una versión no lingüística, sino política, con el Tea Party, corriente ultraconservadora que hace furor entre el electorado republicano estadounidense.
Lo que yo desconocía es que también en Galicia es posible votar al Tea Party. Así me lo comentó un amigo esta misma semana: «En mayo, yo apoyo al Tea Party», me dijo. La frase me sorprendió. ¿Acaso Sarah Palin, barrida de Alaska, había abierto delegación aquí? Nada más lejos de la realidad: «Lo que pasa es que yo voto en Ponteareas», me explicó mi amigo, «allí siempre se presenta algún Tea Party».
En efecto, en la villa del río Tea suele ocurrir que, en cada cita electoral municipal, aparece un nuevo partido, cuando no dos, producto de segregaciones de las escisiones de las divisiones de las separaciones de los grupos políticos que se presentaron en la cita anterior. Es tal el maremágnum ponteareano que algún día no habrá vecinos para una lista completa, ya que cada cual se presentará por su cuenta.
Tan curiosa costumbre la provocó el incombustible José Castro, alcalde que, durante años, se empeñó en edificantes campañas como llamar a su pueblo Puenteareas , sin que se entendiese por qué no lo traducía enteramente al castellano y lo llamaba Puentearenas . También destacaba este regidor por su defensa de una estatua de Franco, popularmente conocida como O Cabezón . Castro encarnaba así el Tea Party, tanto por el nombre del río como ideológicamente.
Condenado por prevaricación y expulsado del PP, se inició la moda de los Tea Partys. Castro fundó uno, llamado Unión Condado-Paradanta (UCPA), que presentó a su hija. Desde entonces, el baile de siglas y de nombres ha sido notable. Al punto de que hoy la hija es un alto cargo de la Xunta popular, de la UCPA se sabe poco y acaba de nacer la Alternativa de Condado Paradanta (ACIP). «¿Cómo no voy a poder votar yo un Tea Party?», me ha reconvenido mi amigo, «y, de aquí a las elecciones, surgirán media docena de siglas más; ¡menudos somos en Ponteareas!».
Por no desilusionarle, no he querido comentarle que, en realidad, es un clásico que en toda la provincia surjan escisiones del PP. Y que Tea Partys, aún sin río Tea, los hay en todas partes.