Mucho circo, poco pan
Vigo
25 Jan 2009. Actualizado a las 02:00 h.
Que la Xunta se decidirá en Vigo es algo obvio: Basta con ver las listas electorales. Los dos candidatos presidenciables, Touriño y Feijoo, se presentan por la provincia de Pontevedra, escoltados además por dos primeras espadas: La conselleira de Política Territorial, María José Caride, y la ex alcaldesa Corina Porro. El BNG, por su parte, apuesta por un perfil pragmático: Una mujer -conselleira con buena imagen- como Teresa Táboas, y un puñado de políticos «de proximidad» como Henrique Viéitez, un gestor amable y moderado, que desmonta la tradicional manía mediática de satanizar a la UPG.
En Vigo, se va a decidir el futuro político de Galicia. También, en Pontevedra, donde los resultados de las últimas municipales evidencian un corrimiento de votos entre BNG, PSOE y PP. De la magnitud de este movimiento sísmico, hablará también el resultado del 1-M.
Desde luego, el papel de juez de Vigo no es nuevo. Las últimas elecciones se decidieron una semana después de su fecha, con el recuento del voto emigrante en la Audiencia Provincial de Pontevedra. Un esperpento que tal vez repitamos dentro de un mes, pero que es improbable. De una parte, porque todo apunta a que la mayoría del bipartito va a consolidarse. Y, de otra, porque, ante la obligación de usar el carné de identidad, se espera una caída del hasta ahora sospechoso voto de la diáspora.
Vigo va a decidir y los partidos lo saben. Por eso, han cuidado tanto sus listas, en especial los dos más votados, eligiendo esta demarcación para el duelo electoral. Pero, si esto es así, ¿por qué la sensación general en la ciudad es que, unos y otros, cuando gobiernan, hacen más bien poco por esta ciudad?
Ejemplos sobran para que las quejas parezcan justas. El partido de Feijoo, por ejemplo, prometió la gratuidad de Rande, pero no se implantó plenamente hasta que llegó Touriño. Y basta ir a oler la depuradora del Lagares para tener dudas sobre aquella gestión de antaño. La actual, por su parte, tiene también sus sombras. La principal, que la mayoría de las promesas no se han materializado. La Ciudad del Mar o la ampliación de Rande son buenos ejemplos, por no hablar de la sede de la Consellería de Pesca.
Tampoco en esto el BNG puede salvarse de la crítica. Tiene, es cierto, áreas de gobierno más amables, menos ejecutivas. Pero basta preguntarse qué ha hecho por Vigo la conselleira de Cultura, Ánxela Bugallo, mientras seguía dilapidando un Potosí en el monte Gaiás.
Hay para quejarse. Por eso no se entienden estas batallas por Vigo a última hora. Se agradece que los mejores gladiadores elijan nuestro circo. Pero, al terminar el espectáculo, queremos pan, acueductos, foros, hipódromos y anfiteatros. No promesas cada cuatro años: Hechos durante cuatro años.