La Voz de Galicia

Buenos tiempos para la prosa poética

Vigo

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

22 Aug 2007. Actualizado a las 11:21 h.

Y estremecedores. Reflexivos a ratos y dolorosos casi siempre. Lo cierto es que se abra por la página que se abra esta ópera prima de Igor Elessp produce ese efecto de nudo en la garganta que, por momentos, dificulta el paso de saliva cuando no la respiración.

Si uno no comete el error de saltarse el prólogo de Pedro Pablo Gutiérrez, descubrirá algo más que pistas de lo que nos espera a partir de la página 15: «¿Libres de las heridas? De algunas no nos liberamos nunca. Aparecen en nuestra poesía como una costumbre. El dolor ya no duele, simplemente vive allí», escribe el prologuista.

El propio Igor Elessp deja claro por dónde van los tiros en la primera frase a modo de presentación: «El universo es el parpadeo de un Dios demente». A partir de ahí una cosa esta clara, la prosa poética de Los paraísos perdidos no es lectura aconsejable como puro entretenimiento, pero sí muy aconsejable para descubrir a un escritor inédito, que confiesa que tiene varios manuscritos en el cajón, entre ellos una novela y un ensayo.

Explica Igor que la elección de publicar antes de nada este libro no es fruto del azar. Reconoce que es el más intenso y duro que ha escrito y en, en cierta forma, recoge su filosofía, amén de una parte autobiográfica. «Es un mapa de los cimientos a partir de los cuales he escrito y sigo escribiendo», comenta.

No quiere caer en la triste desgracia de resumir el contenido, pero como le pido que haga un esfuerzo dice que viene a ser un tratado de pérdidas aunque, entre líneas, celebra al mismo tiempo «un bautismo de tierra, el renacer de un Dios en cada ser humano y la posible fusión de la mente con el universo».

Está de acuerdo en que su obra no está precisamente dedicada a los consumidores de ocio express al por mayor y explica que el título elegido muestra un evidente doble sentido: «Por una parte refleja la imagen más precisa de lo que para mí significa la poesía; un paraíso suspendido en el aire, que no todo el mundo puede ver y que no está al alcance del hombre, ni siquiera al alcance del poeta. Por otra, refleja la pérdida de la inocencia y la visión pura tras la inmersión en el mundo de los hombres».

Igor Elessp descubrió su pasión por la escritura junto a un compañero de colegio en sus años escolares. Desde entonces, hace casi dos décadas, la alimenta prácticamente a diario. Le pregunto si un día le gustaría vivir de la literatura y contesta un poco a la gallega: «Escribo porque me gusta y soy consciente de que vivir de esto es muy difícil. De todas formas, no tengo intención de convertir lo que me gusta en un trabajo».

Al margen de la literatura (o quizá no tanto) la otra pasión de Igor Elessp es la montaña. Las que circundan Vigo y, sobre todo el Val Miñor, se las conoce de memoria. Es capaz de recorrerlas con los ojos cerrados. Amén de los objetos propios del alpinista (Los Alpes también los conoce bien), en su mochila nunca faltan un par de libros. Los que lleva estos días los firman Baudelaire y Nietzsche, dos de sus escritores de cabecera que relee una vez, otra, y otra... Igual que a Rimbaud, Machado, Carlos Oroza, Lorca y Antonín Artaud.

Es la invitación que hacen las Cantadeiras de O Berbés en su tercer trabajo discográfico, editado por la Asociación Veciñal e Cultural Casco Vello. Ni ésta ni el grupo aciertan a explicar la buena acogida que está teniendo el disco. Se me ocurre que puede ser el paradigma de aquella verdad como un templo de que el buen paño en el arca se vende. No puede haber otro motivo porque, amén de que el disco apenas lleva en el mercado quince días, no han movido un dedo para promocionarlo. Todavía.

Las siete Cantadeiras (Finocha, Belén, Victoria, Loli, María José, Fátima y Andrea) y Fiz, el músico que las acompaña, cuentan que este es un disco que destila agradecimiento. Han querido hacer partícipes de dicho agradecimiento a cuantas personas les han prestado su apoyo a lo largo de todo este tiempo. Once años ya. De ahí la elección del título, Todos a bordo porque, dicen, caben todos.

En total interpretan once temas, algunos muy vinculados a la historia de Vigo, piezas creadas directamente por el pueblo en las que se cuenta y se cantan situaciones vividas en primera persona. Es el caso de O incendio, en el que se narra el registrado en su día en la Porta do Sol; o el pasodoble Peinador, en el que se cuenta como un numeroso grupo de personas fueron obligadas a trabajar en la construcción del aeropuerto.

También rescatan viejos temas marineros, cantos de taberna y otras piezas de música popular que acompañan con acordeón, percusión y gaita.

Bien sea por lo del paño y el arca, bien sea porque el disco ha despertado las ganas de recordar viejos temas agazapados en la memoria colectiva, lo cierto es que Todos a bordo ocupa el puesto número diez entre los más vendidos en Galicia en este mes de agosto. Pues si sin promoción han llegado hasta ahí, cuando se pongan a ello...


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