Aprendiendo de nuestros vecinos
Vigo
29 Dec 2006. Actualizado a las 06:00 h.
VIAJAR abre la mente a nuevos horizontes y a nuevas realidades. Permite aprender multitud de cosas nuevas, comparar nuestro entorno con el de otras personas y progresar a nivel personal al percibir que hay un mundo variado y diverso más allá de nuestro hogar. Por ello es tan recomendable que, a los niños se les inculque el interés por conocer otras ciudades, provincias, comunidades y países, y que se insista con los adultos en la necesidad de sumergirse en la grata experiencia de una aventura, de vez cuando. Porque, para aprender no es preciso gastar mucho ni ir muy lejos, basta, traspasar la frontera que nos separa de nuestro país hermano para darnos cuenta de que en urbanismo tienen mucho que enseñarnos. Así aprovechando un festivo cualquiera y sin necesidad de pasar demasiado tiempo en el coche, se puede llegar hasta Oporto y en la ruta de regreso visitar alguna de las villas que la rodean. Paseando por sus calles se puede apreciar de forma clara la falta de visión de nuestros representantes en la alcaldía quienes, teniendo el ejemplo de urbanismo tan agradable y fácil de ciudades como Vila do Conde, Póvoa do Varzim, Camiña o incluso Vilanova de Cerveira, no han sido capaces de aplicar alguna de sus ideas a Vigo, preservando y potenciando el casco antiguo, trazando anchas avenidas flanqueadas de vegetación, permitiendo sólo edificios de cuatro o cinco plantas como máximo, imponiendo el respeto por la distancia con la costa de más de doscientos metros, protegiendo los ecosistemas dunares, etcétera. Puede que nos consideremos más ricos que ellos pero, desde luego, somos muchísimo más pobres en sentido común y consideración por nuestro entorno.