De la saga de los Torres
Vigo
La Mirilla
12 May 2005. Actualizado a las 07:00 h.
Es una tarea en la que muchos pueden igualarla pero superarla nadie. Por eso, Tui quiere devolver a Clara Torres un poco del cariño que esta singular maestra ha repartido, no sólo a sus varias generaciones de alumnos, sino a toda la comunidad educativa. Y lo va a hacer poniendo su nombre al Colegio Rural Agrupado del municipio por cuya creación tanto luchó. La corporación tudense ha convocado para hoy un pleno con ese único punto en el orden del día. Es su manera de sumarse a una petición que toda la ciudad, particularmente la parroquia de Areas, comparte. A la vista del árbol genealógico (apartado laboral) de Clara Torres, su destino profesional estaba escrito. Su padre, José Torres, fue el primer maestro que tuvo Areas, además del patriarca de una saga que continúa. Sus cuatro hijos, entre ellos Clara, han estado ligados a la enseñanza. Como ahora lo están sus nietos, incluídos los tres hijos de Clara. Ésta dice sentirse orgullosa por el reconocimiento que supone que el colegio por el que tanto trabajó lleve su nombre, pero me subraya muy mucho que no hizo más de lo que hicieron otras compañeras con las que, codo con codo, defendió un proyecto en el que siempre ha creído: la integración de la escuela en el entorno vital del niño, particularmente de los más pequeños. «Represento a todos los maestros que han creído en al escuela rural», afirma. Hace un año que la enfermedad alejó a Clara Torres prematuramente de las aulas. Curiosamente fue esa misma enfermedad (lupus) la que la empujó a estudiar hace muchos años. Obligada a pasar largos períodos en el hospital, decidió aprovechar el tiempo. Así se licenció con sobresaliente en Filología Hispánica. Recuerda que las enfermeras colaboraban pasándole las hojas de los libros. Y recuerda también que tener la mente tan ocupada con latines y griegos la ayudó a no dar importancia a una enfermedad que, si ahora se conoce poco, entonces era un enigma. Tanto esfuerzo tuvo su recompensa. Y hoy dice no saber cómo agradecer tanto afecto. Después de haberla escuchardo creo que está claro, con más afecto. Hace décadas que dejó de circular por Vigo, pero es un medio de transporte que, no sólo permanece en muchas memorias, sino que no está descartado que pueda recuperarse. Mientras los políticos se ponen y no de acuerdo, podemos regresar al pasado, bien cercano por otra parte, de la mano de Antonio Giráldez, que acaba de escribir la historia (la primera que se sepa) sobre los tranvías de Vigo. El libro está a punto de salir a la calle gracias a la colaboración de la Diputación y del Instituto de Estudios Vigueses. Seguro que muchos verán reflejada una parte de su vida en el trabajo, en tanto los más jóvenes podrán corroborar las batallas que tantas veces han escuchado a los abuelos, y descubrir que, en efecto, cualquier tiempo pasado fue anterior. Giráldez fue precisamente el encargado de abrir ayer el nuevo calendario cultural del Náutico, con una conferencia sobre el desembarco en Vigo de los repatriados de la Guerra de Cuba, tema sobre el que también ha escrito lo suyo.