El Concello no levanta cabeza
Vigo
Reportaje | Un día en la Praza do Rei La administración local parece atravesar un proceso infeccioso difícil de curar
28 Oct 2003. Actualizado a las 06:00 h.
Estornudos, dolor de cabeza, tensión, malestar general. Se diría que hasta le ha afectado a la cabeza. El Concello vigués atraviesa una de las gripes con peor pronóstico de su historia. Tal es así que hasta el jefe de protocolo, Avelino San Luis, buscaba ayer desesperado una aspirina. A estas alturas los virus campan a sus anchas por los pasillos de la primera planta. Xabier Toba entraba y salía ayer de la alcaldía mientras se reunía con Miguel Barros. El edil nacionalista abandonaba impasible la sala pasadas las 14.20 horas, sin nada nuevo que decir. Diez minutos después comenzaba el desfile socialista. El primero en reunirse con Pérez Mariño, a quien ya acompañaban Miguel Barros, María Xosé Porteiro y María Luisa Graña, fue Xulio Calviño. Acto seguido lo hizo Xosé Carlos Arias y a continuación Belén Sío. A punto de terminar el cónclave, a las 14.50 horas, aparecía el concejal de Urbanismo, Mauricio Ruiz, quien abandonaba la reunión un cuarto de hora después, sin dedicación exclusiva y con cara de cuarenta grados a la sombra. «Me lo voy a pensar», dijo el concejal en referencia a su vuelta a la actividad privada. A continuación aclaraba que está en su derecho, siempre que el trabajo no entre en conflicto con el que desarrolla en el Concello. Otra que corría la misma suerte, Olaia Fernández, repetía una y otra vez que la eliminación de la dedicación exclusiva no interferirá en su actividad y que no tienen problemas económicos. «Lo combinaré con otro trabajo», explicó la concejala sin especificar con cuál, por ser algo que ya entra en la esfera privada. Esta misma apreciación era compartida por María Xosé Porteiro. Para la portavoz socialista la dedicación privada es cosa de cada uno. A la espera del ascensor, Lucía Molares (PP) y Olaia Fernández (BNG) compartían amigablemente charla y papeles. Entretanto, los trabajadores municipales acuden cada mañana a su puesto de trabajo con la incertidumbre de encontrarse frente a frente con un jefe distinto al del día anterior. Otros admiten estar encantados con la pintoresca situación, que ha conseguido, al fin, sacar a la la administración lcoal de la habitual monotonía. Las malas lenguas aseguran que hasta se han llegado a hacer apuestas sobre el desenlace de este culebrón. Ajenos a las reyertas políticas, los ciudadanos acuden a las oficinas municipales a preguntar por lo suyo, que, en definitiva es lo que interesa. Mientras, la oposición del Partido Popular permanecía ayer a la expectativa por si llega el caso de mover la ficha. Sus portavoces mantienen una prudente distancia de la primera línea de fuego, conscientes de que ésta no es su guerra.