El sentimiento caló
Vigo
Cada celebración de Todos los Santos, las familias gitanas viguesas se reúnen en torno a las sepulturas de sus difuntos en una demostración de enorme respeto a sus antepasados
01 Nov 2002. Actualizado a las 06:00 h.
Un cementerio como el de Pereiró es una ciudad silenciosa que cuando llegan las fechas actuales desborda actividad y vida. Las familias acuden agrupadas para rendir esa visita, en muchos casos anual, a los miembros ya fallecidos. El ritual obliga a recorrer los diferentes enterramientos de familiares y conocidos, y adecentar las sepulturas. Tras recorrer las diferentes calles que articulan el cementerio, aparece de pronto un grupo de personas, todas ataviadas de negro, que parecen esperar que ocurra algo ante un bloque de nichos. Es una estampa habitual en las festividades de Todos los santos y Difuntos. Son algunas familias gitanas que rinden culto a sus antepasados. Sollozos y cánticos La guardia ante los enterramientos no baja durante las señaladas jornadas. Sentados, sobre el cesped, los miembros de estas familias viven de una forma apasionada el momento de recuerdo. Algunas mujeres, entre sollozos, rememoran las virtudes de los ya desaparecidos. Las lágrimas se deslizan a pesar de que, en muchos casos, el óbito se produjo ya hace muchas primaveras. Es una forma apasionada de sentir la muerte. Ocurre igual cuando entierran a los suyos. Estas reuniones son aprovechadas para comentar los hechos de sus vidas cotidianas. Se trata de un acto social más, pero totalmente impregnado de un enorme respeto. Los payos que contemplan la escena siguen sorprendiéndose, a pesar de ser ya una congregación habitual de todos los años. Alguno recuerda, en otros años, que hubo arranques de sentido flamenco. No en su vertiente rumbera sino en la respetuosa del espiritual más sentido. Un acto de homenaje con el arte que algunos gitanos atesoran. El recorrido continúa y del nicho se pasa al panteón, tras dejar al borde del camino la seca tumba en la tierra. Aunque la muerte física es igual para todos, no ocurre lo mismo con las moradas que acoge los restos. Y Pereiró es un buen ejemplo de la ostentación ante el acto luctuoso. No en vano también es una ciudad pero de muertos.