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Torre de Marathón
El viernes se cumplen quince años de la genial lambreta de Djalminha, el futbolista de lo imposible
04 Feb 2015. Actualizado a las 13:29 h.
«Me acuerdo de la lambreta, y me acuerdo de que ganamos». Y eso es lo que queda. Fran, titular y capitán aquel día, pasa por alto los cinco goles al Real Madrid, y el nombre de quienes marcaron. Pero recuerda a Djalma. A Djalminha y ese enorme gesto técnico que el viernes cumplirá quince años. Tres lustros en la memoria.
Quizá para celebrarlo Cavaleiro juegue a la cuerda con la bola frente a un lateral del Eibar. O puede que Lucas, que al fin y al cabo es de la casa, se atreva con un par de bicicletas. Borges ya anunció que no piensa driblarlos a todos. Como si alguien no lo hubiera intentado ya con un solo toque en el mismo escenario. Fue el 6 de febrero del 2000, y si Víctor le entrega a Cuenca la banda de José Rodríguez, al menos habrá un malabarista en pista el día del homenaje.
En la grada sobrarán seguro testigos de un acto de locura que acabó en nada porque los reflejos de Roberto Carlos hablaron antes que los de Sánchez del Amo. Y cuando el interior deportivista quiso coronar la acción con el gol que merecía, el lateral brasileño emborronó el trazo genial de su compatriota.
Atrás quedaban Redondo, Hierro, Karanka y Sanchís. Los cuatro mirando el cuero que Djalma había hecho pasar sobre sus cabezas tras pinzarlo entre el tobillo de una pierna y el talón de la otra. Después contaría el futbolista de Santos que había pergeñado la diablura viendo a Jason Willians jugar la bola con el codo. Chocolate Blanco (que diría Montes) se llevó un anillo en el 2006. Seis temporadas después de que Feitosa Dias se armara campeón de Liga con su lambreta por montera.
«Desestabilizó al Madrid»
Todavía ayer, el receptor de semejante arranque de inspiración pensaba que el cuero le había llovido «por casualidad», sin querer restar mérito a «una acción espectacular que es el ejemplo perfecto de lo imprevisible que era Djalminha». «Solo a un grande como él se le podría ocurrir intentar un imposible así», apunta Fran para redondear las palabras de Víctor. «Yo lo conocía muy bien -afirma Mauro-, así que cuando empezó la jugada me di cuenta enseguida de lo que quería hacer. En el vestuario, después del partido, los compañeros le preguntaban ?¿Pero de dónde has sacado eso??. Desestabilizó al Madrid con una jugada».
Eso mismo intentó Neymar hace unos meses en el Bernabéu. No estaba cerca del área, ni tenía cuatro rivales por delante. Solo James obstaculizaba al delantero culé, que aún así pifió el gesto y perdió el balón por la banda. En desagravio de la joven estrella del Barça, decir que ya había triunfado en la misma suerte durante un partido con el Santos. Entonces (octubre del 2012) logró un espectacular sombrero ante Carlos César, pero el futbolista del Atlético Mineiro eligió no festejar la ocurrencia y tumbó al chico de una patada.
Capaz de cualquier cosa
El brasileño de los muchos millones de euros (95 hasta la fecha) tiene cosas de Djalma. Aunque le sobra teatro y le falta carácter. «Una pena ese genio que a veces le jugaba malas pasadas, pero pese a ello disfrutabas a su lado. En los partidos y en los entrenamientos. Recuerdo que remataba de cabeza de espaldas, utilizando la nuca como si fuera la frente. Sin ver la pelota ni la portería. ¡Y marcaba! Era impresionante, el jugador más imprevisible que he conocido», recalca Sánchez del Amo. Fran se queda con «aquel gol al Celta después de irse del rival con un taconazo. Soberbio». «Era capaz de lo impensable», suma Mauro a la cuenta de elogios.
A la de gestos técnicos hay que añadirle el pase de clavícula que pulía jugando al voley, las asistencias mirando al tendido, las colas de vaca, los penaltis a lo Panenka, la folha seca... Inagotable repertorio de un Mago irrepetible que dijo aquello de «sin metas ni objetivos, el arte en el fútbol no sirve para nada». Ahora que los artistas van escasos no está de más recordar que el viernes entra en la adolescencia la más memorable de las acciones que no fueron a ninguna parte.