Kevin Spacey da un golpe en la mesa
Televisión
A finales de febrero, Netflix estrenará la tercera temporada de «House of Cards», y con ella, Kevin Spacey reforzará el peso que en su carrera marca el personaje de Francis Underwood, el político que le ha regalado un Globo de Oro.
27 Jan 2015. Actualizado a las 00:03 h.
Hacía 16 años desde su último gran premio. Dos Oscar y un Globo de Oro después, la televisión ha devuelto a Kevin Spacey al lugar del que parecía haber desaparecido, con un nuevo Globo al mejor actor protagonista por su papel en una serie de televisión. Aunque nunca se hubiera ido, tras la tremenda cosecha de los últimos años de la década de los noventa, cierto abandono del tipo de papeles que le auparon a la lista de los mejores actores de su quinta había hecho que muchos nos preguntásemos dónde estaba el Kevin Spacey manipulador, retorcido e inteligente de Seven, Sospechosos habituales, L.A. Confidential o American Beauty. Y por qué el empeño en cambiar esa media sonrisa cargada de mala baba por una lista de papeles mucho más blandos. Macbeth usa corbata La respuesta ha tardado en llegar, pero ha llegado como un puñetazo en la mesa de los despachos del poder. Tal vez la pasión por Shakespeare de este enamorado del teatro (desde hace trece años dirige el Old Vic de Londres) tenga mucho con ver con esa manera de exprimir hasta la última gota la crueldad de Frank Underwood, el político que ha devuelto a la línea de fuego a Spacey. Desde la primera temporada, estrenada hace dos años, la serie House of Cards se ha convertido en un producto de culto. Por ser una de las primeras series producidas por una plataforma de distribución digital, Netflix, y porque la historia que cuenta ha enganchado a millones de espectadores en todo el mundo con un nuevo formato: ya no hay que esperar para ver el siguiente capítulo, la temporada completa está disponible para el respetable del tirón. Entera. Y se puede ver en cualquier pantalla. Porque lo que la gente quiere, dice el actor, son historias. Una buena historia. Y la libertad para verla cómo y cuándo quieran. Según el propio Kevin Spacey, esas son las claves del éxito de House of Cards. Lo decía hace un par de años en un festival de televisión en Edimburgo, en una cerrada defensa del modelo de Netflix: «La audiencia ha hablado. Quieren historias. Se mueren por ellas. Hablan sobre ellas, se dan atracones, se las llevan en el bus o a la peluquería, se las imponen a sus amigos, las tuitean, en blogs, en Facebook, hacen páginas de fans, estúpidos GIFs y sabe dios qué más. Se comprometen con ellas con una pasión y una intimidad que un taquillazo de cine solo puede soñar». El mismo compromiso que el actor ha puesto en uno de sus mejores papeles, y que ha venido precisamente de la televisión, aunque no sea una televisión al uso sino una bajo demanda. Qué más da el formato, dice el actor. Lo que importan son las historias y los personajes que las pueblan, como este Frank Underwood que es, en realidad, un compendio de las mejores virtudes de aquellos papeles de los 90. Es engañoso y escurridizo como el Verbal Kint de Sospechosos habituales, sádico como el John Doe de Seven, cínico como el Jack Vincennes de L.A. Confidential. E inteligente como todos ellos. Arropado por Robin Wright, la mejor Lady Macbeth posible, desatada aún más en la segunda temporada, en un papel que también le ha regalado un Globo de Oro, volverá a finales de febrero con una temporada que promete tensiones en el matrimonio Underwood, una nueva residencia, más poder, más presión y más intriga. Hace ocho años, Kevin Spacey aseguró que ya no le importaba su carrera como actor. Que después de diez años se preguntaba si iba a seguir haciendo películas y preocupándose de si estaba bien o estaba mal. La conclusión a la que llegó fue que no le importaba. Prefería sumergirse en su trabajo como director en el viejo teatro londinense... tal vez tuviese algo de premonitorio que esas declaraciones las hiciera en la misma cadena británica, la ITV, que nos ha regalado series como Downtown Abbey o Broadchurch.