AL?ONSO Y PEDRO
Televisión
07 Jun 2002. Actualizado a las 07:00 h.
Hay un toque pedante en La noche abierta (La 2) que da al coto de Pedro Ruiz un punto indigesto. Un sobeteo, un empalago, un qué-cojonudo-soy, que finalmente anula a su buena voluntad, que la tiene. No andamos sobrados de espacios así para rechazarlos, ni mucho menos. Pero le vendría bien un afine. Anteayer Pedro llevó a Alfonso, y lo digo así porque visto lo visto, deduzco que les une un colegueo que permite al entrevistador tutear al entrevistado con un efecto pelín chirriante. ¿Exagero? Puede. pero da mal, porque donde hay confianza da asco. Si llevo a mi espacio a un amigo, la audiencia no tiene por qué saberlo, entre otras cosas porque el mismo respeto que muestres hacia tu entrevistado es el que debes proyectar ante el espectador. No es dogma, pero da serio y todos contentos. A todo esto, don Alfonso, trajeado y con aire institucional, que para algo mandó mucho en España, aún en su supuesta confianza, mantuvo la calma. Pedro le preguntó por lo divino y lo humano, por el dinero, la erótica, el poder, la inmigración, el País Vasco, hasta por Polanco, vaya. Se definió como un rara avis en extinción y Ruiz nos recordó que una de sus frases memorables fue la de que «el teatro me ha servido de mucho en la política». Que sigue en forma, no hay duda. Que controla, ídem. Que no necesita de La noche abierta, también. Que Pedro Ruiz es un señor con amigos, cae de cajón. Pero le convendría bajar escalones y ponerse a la altura de la gente, más inteligente de lo que cree. redac@lavoz.es