Los vendedores de palabras
Televisión
El Día Internacional del Libro descubre las luces y las sombras de un sector dominado por el mercantilismo Labran las palabras como el artesano la madera; moldean sílabas y letras dando figura a las ideas con el mismo afán con que el alfarero da forma al barro; otros hurtan en huertos ajenos historias que después presentan como si fueran propias. Son los vendedores de palabras que cada 23 de abril albergan la esperanza de que su libro se mueva, cambie de manos, sirva para expresar sentimientos. El nacimiento de un libro ha perdido parte de su magia, de su romanticismo, y se ha convertido en un producto más del mercado que, según los libreros, también tiene fecha de caducidad y cada vez una vida más corta.
21 Apr 2001. Actualizado a las 07:00 h.
El libro es un objeto de arte, algo creativo que «el autor está entregando al lector como una ofrenda y este lo compra como si fuera un fetiche», considera la escritora ferrolana Lola Becaría, finalista de la última edición del Premio Nadal. Aunque reconoce que «la faceta romántica es la que me impulsa a escribir», explica que el aspecto mercantilista «es un proceso igualador que considera al libro como un producto más». Manuel Bragado, de Xerais, sostiene que no todo es la búsqueda de rentabilidad en el sector ya que, en el caso de esta editorial, «somos románticos no sentido de crear un sistema de literatura en galego, cun mercado de ficción que cada vez é mais amplo». Bragado hace «unha defensa da libraría como un lugar no que se dirime o futuro do libro galego». Apunta que «libreiros e editores temos que ir xuntos» y que en las librerías están «os militantes da fantasía, dun imaxinario de ficción, de normalización cultural como é o caso do galego». Descuentos y papel gallego José Luis Colmeiro, de la librería compostelana Follas Novas, afirma que en ocasiones tienen poco margen de maniobra y apunta que «ó mellor tiña máis repercusión presentar un libro nunha librería e non no Hostal dos Reises Católicos; sería máis rentable facelo máis cerca do público, dos lectores». Colmeiro recuerda que, aunque mañana el precio de los libros tiene un descuento del diez por ciento «iso é aleatorio» y lo importante es que se hable de literatura. En Galicia hay una cuestión latente en la que, por el momento, no se ha planteado un debate a fondo: ¿Debe celebrarse el 23 de abril el Día del Libro o el 17 de mayo? Manuel Bragado sostiene, desde un «optimismo realista», que Galicia no puede quedar al margen de la celebración del Día Internacional del Libro, si bien reconoce que hay sectores nacionalistas que consideran que «estamos nunha situación pésima» y por lo tanto la celebración del libro gallego debería hacerse el 17 de mayo. Los libreros recuerdan que en la fecha de mayo, al ser un día festivo en Galicia, la afluencia de público a las librerías es mucho menor.