La Voz de Galicia

Cien metros

Sociedad

LUIS POUSA

09 Nov 2006. Actualizado a las 06:00 h.

UN METRO cuadrado, según nos enseñaron en el cole cuando nos dejábamos caer por allí, viene a ser un cuadrado de un metro de lado. En aquellas mañanas infinitas de los viernes el maestro insistía mucho en que el sistema métrico decimal era una cosa muy seria, aunque luego uno descubría por su cuenta que había unos tíos llamados ingleses que pasaban mucho de eso y que seguían a su bola, con sus millas y sus galones, y hasta tenían agallas para conducir por la izquierda. Pero el profesor, para cautivar nuestras mentes dispersas, nos contaba que en algún lugar de París se custodiaba, como un fabuloso botín, el patrón del metro en platino iridiado, un lingote sagrado a partir del cual se medían todas las cosas del mundo. Así que uno, allá cuando la escuela, se acababa por creer que un metro era un metro. Pero, pasados los años, la vida choca contra la teoría de la relatividad, que no es la de Einstein, sino la lección más brutal de la existencia: todo es relativo. Por ejemplo, un metro cuadrado. Cuando el Gobierno soltó su ley antitabaco, se pudo comprobar la flexibilidad de la superficie de los establecimientos de hostelería (también conocidos como bares). Hay locales enormes, mucho más grandes que un piso de cien metros cuadrados con tres dormitorios y dos baños, que resulta que, curiosamente, no llegan a esos cien metros que delimitan la frontera entre fumar o no fumar. O sea, que el mismo metro cuadrado por el que el promotor te sacude tres mil euros, trasplantado a un bareto de esquina cualquiera se encoge hasta quedar reducido a medio palmo. Puestos a ser elásticos, ¿por qué no estiramos los pisos en vez de encoger los bares?


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