El efecto Z
Sociedad
SERIE BE
17 Dec 2004. Actualizado a las 06:00 h.
ZARAGOZA podría haberse ahorrado los nervios del jueves. Los maños sólo tendrían que haber reparado en su nombre para saber que la Exposición Universal del 2008 se iba a celebrar en la capital de Aragón. Su candidatura venía perfectamente avalada por el «efecto Z». El efecto Z lo inició Leti z ia Orti z , que con la rareza embutida en su nombre -reforzada por el efecto final de su apellido- provocó en el 2003 una reacción en cadena de consecuencias impredecibles. Letizia entró en la Zarzuela vestida de Pertegaz, para empezar a ser tratada como alteza. El trece de marzo le tocó a Zapatero, Rodríguez Zapatero. ZP captó la fuerza, el hechizo zalamero de la Z, siguió a Aznar y a González en la Moncloa y fue bautizado por The New York Times como el primer presidente zen de España. Quizás le convenga actualizar el nombre de su partido: PZOE. Diciembre ha sido el mes de Zaragoza. Fíjense, por cierto, en la imagen corporativa de ZH2O, un escaque en el que se leen, recortados, tres grupos silábicos: EXPO-ZARA-GOZA. ¿Casualidad la composición del centro? ¿Publicidad subliminal de Inditex, que escogió Zaragoza para aposentar la plataforma logística desde la que distribuyen la ropa con la que están zarizando el mundo? Amancio Ortega también fue un visionario en lo de la Z. Una última aclaración. ¿Saben qué es, exactamente, el «efecto z»? La capacidad eléctrica que tiene las fibras para atraer partículas. Juro que no me lo invento.