La Voz de Galicia

Olafo y tú

Sociedad

VIDAS EJEMPLARES LUIS VENTOSO

15 Oct 2003. Actualizado a las 07:00 h.

LAS comedias románticas, los libros cutrones de autoayuda y las revistas tipo Cosmopolitan aseguran que las mujeres quieren «hombres sensibles». Tras milenios de acreditada burramia masculina, llega al fin la hora de que los varones arribemos a un estadio superior: el hombre sensible. Si tuviésemos que buscar la antítesis del nuevo prototipo ideal, nos quedaríamos con Olafo el vikingo. En él todo es políticamente incorrecto: habla con la boca llena y aliña su ensalada con aceite de ballena. Su mujer, la colosal Helga, lo presiona para que se sensibilice y sea menos tarambana. Un acoso estéril: Olafo siempre encuentra la manera de darse el piro para soplar pintas tamaño piscina con su amigote Chiripa. Aunque posee un lado tierno, al vikingo lo que de verdad le pone son las enchentas, el pillaje y la coña marinera. Los cómics de Olafo son divertidísimos. Sin embargo, algunos hombres de la nueva era, hombres sensibles, confiesan que a veces los embarga una difusa melancolía cuando leen las andanzas del vikingo. Y es que hoy, la masculinidad a la vieja usanza es tan anacrónica que resulta impracticable. Asumámoslo, a los hombres del siglo XXI nos quedan ya muy pocos momentos Olafo : beber a morro del tetra-brick ; admirar en secreto a Hoomer Simpson; poner la cinta vieja de Metallica a toda tralla (cuando ella se apea del coche); ver de esguello las repeticiones de En Xogo mientras fingimos leer un poemario de Manolo Rivas; y poner cara de «esas imágenes me provocan sopor» cuando emiten un desfile con Naomi Campbell en bragas en el canal moda. Olafo ha muerto y nadie lo va a añorar. Y los que sí, un consejo: mejor, achanten.


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