La Voz de Galicia

Los rostros bajo el capuchón

Sociedad

Pablo Carballo ferrol

Masivo seguimiento de las procesiones en la principal Semana Santa gallega, que esconde tras sus innumerables rituales muchas horas de trabajo en las cofradías

17 Apr 2003. Actualizado a las 07:00 h.

Suena puntual el aldabonazo en lo alto del campanario de la iglesia y aparece la figura de la Virgen, recibida con palmas y algún piropo de devoto apasionado: la liturgia procesional, con sus mil detalles a punto, está en marcha en Ferrol, quizá la única ciudad de Galicia que en Semana Santa no exporta turistas, sino que los atrae. Ayer, día grande en la celebración, sacaron sus imágenes de los altares las cofradías de las Angustias y Dolores, y las mostraron por el centro urbano, en un ritual que todavía puede ofrecer perspectivas peculiares al espectador advenedizo. Como la extraña sensación de inquietud que causa el traqueteo del motor diésel oculto bajo el cortinaje de terciopelo, haciendo vibrar las flores del retablo móvil y la orfebrería de plata que rodea el trono. O el paso marcial de los infantes de marina, bayoneta al hombro, que escoltan la figura con gesto firme, austero. Y así marcha la comitiva formada por tres tronos, capuchones, infantes, músicos de banda y civiles, mayormente de edad respetable, serpenteando por la geometría cuadriculada de Ferrol Vello, en el momento crucial de un día que para muchos comenzó antes del amanecer: a las tantas de la mañana ya estaban los cofrades afanándose en la decoración del trono, la camarera repasando la presentación de las prendas de la imagen, el mayordomo explicando el paso a los novatos... A mediodía, más de uno se echó a temblar, porque el cielo amenazaba lluvia y se venían a la memoria las lágrimas de esos devotos andaluces a los que las nubes les fastidiaron la procesión. Pero por aquí hubo más suertecilla, el cielo se contuvo y la cosa resultó. La misma suerte que piden a las alturas los cofrades que procesionan hoy.


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