Gafas de sol, espejo del alma
Sociedad
El complemento del verano refleja las personalidades Con el buen tiempo, los gallegos al fin pueden usarlas Protección, protección y más protección. Para la piel, para la cabeza y, por supuesto, para los ojos. Parece ser que, últimamente, el sol desprende sus rayos con muy mala leche. Lorenzo nos da una de cal y otra de arena. Frente a la alegría de que luzca, el sol nos puede provocar alguna que otra pena. Así que, crema para la piel, pañoleta para la cabeza y gafas de sol para los ojos.
29 Jul 2000. Actualizado a las 07:00 h.
Pues bien, pero, ¿dónde se pueden comprar? Los oftalmólogos y asociaciones de usuarios son claros al respecto. Siempre en ópticas, ya que es el único lugar en el que está garantizado que los cristales protegen de los rayos malignos. Siguiendo estos consejos se acabaría con una práctica muy común: la de acercarse a un mercadillo a comprar por 1.000 pelas unas «Ray ban» o «Calvin Klein» «auténticas», según los vendedores. En el elenco de usuarios hay de todo. Quienes no pueden salir sin ellas y los que más que unas gafas necesitan una diadema. Las «pastis». Gafas metálicas o de pasta negra con cristales de espejos o, en su defecto, muy oscuros. Esos especímenes que se ponen las lelas cuando se levantan, sobre las cuatro de la tarde, y las siguen llevando a las doce, la una, las dos y a las tres de la madrugada, haciendo honor a la canción de Sabina. De camuflaje. Gafas de pasta que tapan toda la cara. Son ideales para las famosas sin oficio ni beneficio, cuyo despertador suena hacia las doce del mediodía _madrugar provoca arrugas_ y con una vida tan estresante que no tienen tiempo ni de taparse las patas de gallo y, mucho menos, de maquillarse. De toda la vida. Son las de tipo aviador y las usan los que una vez, hace mucho, se gastaron una pasta en unas Ray-ban (estilo avispa) y consideraron que el presupuesto para gafas de sol se había acabado por unos años. También las llevan los que creen que el estilo piloto es una moda perenne, de ayer, de hoy y de siempre. Las pijas. O lo que es lo mismo, una diadema quiero, o sea, anteojos oscurillos, de pasta o de metal coloreado, da lo mismo, pero eso sí, siempre de marca y de lo más in, y si es posible, a juego con el modelito. Son ese tipo de gafas que para protegerse del sol, bah... pero como diadema, no tienen precio. Las cutrecillas. El quiero y no puedo de las gafas de sol, comúnmente llamadas «de imitación». Variadas y a precios muy asequibles. Perfectas para los que no pueden estirar más el monedero y quieren ir a la última y para los que quieren cambiar de «modalaine» cada día con poco presupuesto. Una advertencia: cuidado con los cristales. De resaca. Dan igual tamaño, forma y color, si son de mujer o de hombre y si te costaron el año pasado una pasta o te las compraste en EGB en Benidorm. Lo único que importa es que no dejen pasar ni un ápice de sol. Y es que después de una noche con tanta luz como la de ayer..., sólo quieres oscuridad y sombra.