La Voz de Galicia

Brindis al sol

Santiago

Susana Luaña Redactora

03 Jan 2017. Actualizado a las 05:00 h.

Lo de que la lluvia es arte está muy bien para una canción de Los Tamara y lo de que chove en Santiago, para un poema de Lorca, pero en la práctica, todo el mundo sabe que la mejor fórmula para desestacionalizar el turismo es que luzca el sol y que los servicios meteorológicos de Madrid no se olviden de quitar la nube en el mapa del noroeste peninsular. El sol se empadronó en el 2016 en Compostela y coincidió con un año en el que se batieron récords de turistas y de peregrinos. Que ningún gestor se autoimponga la medalla; no es lo mismo hacer el Camino de Santiago empapado por la lluvia que bebiéndose una caña en una terraza de Portomarín a la espera de que abra el albergue, y la imagen de los soportales de piedra mojada en la Rúa do Vilar queda muy bien en la postal que se le manda a la novia de Cuenca, pero sienta mejor comprarla bajo un sol radiante que invita a disfrutar de un paisaje de chicas en short y mozos luciendo músculo bajo sus camisetas de manga corta.

 

Está demostrada la relación que hay entre el mal tiempo y el estado de ánimo. Por eso, si a usted se le pincha la rueda en un bache de la ciudad pero tras cambiarla se va a la playa, quizás su cabreo con los inquilinos de Raxoi se minimice, y si le embargaron el piso y se ve obligado a convivir con la suegra, no es lo mismo cruzársela un momento en el pasillo cuando de noche va al baño que tenerla delante todo el día porque las persistentes lluvias impiden que ni usted ni ella puedan salir de casa.

Si esto sigue así, el tiempo le dará la razón a Luís Villares, empeñado en hacernos felices. Si lo sabrá Rajoy, que esperó por la formación de Gobierno en un interminable brindis al sol de Ribadumia.


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