La Voz de Galicia

Y al final del Camino, dos horas de cola

Santiago

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La cola para obtener la compostela (arriba); el padre Mauro y sus cinco discípulos milaneses; Koen y su perro Ringo; y la espera de Ferrán y Pol en la rúa do Vilar.

La rúa do Vilar y Praterías volvieron a estar invadidas por un sinfín de peregrinos esperando la compostela

18 Aug 2014. Actualizado a las 20:06 h.

En un día como el de ayer era previsible una llegada masiva de peregrinos, y aunque las cifras no se aproximaron al récord fuera de año santo establecido el pasado sábado, cuando se alcanzaron los 2.748 romeros, sí se registraron cerca de 2.000 en una tranquila jornada en la que los visitantes se adueñaron de las proximidades de la Catedral.

Praterías es sin ninguna duda el epicentro del movimiento peregrino, ya que es habitual que se crucen en la fuente de los caballos la cola para entrar al templo y la que va a la Oficina del Peregrino, donde gente como Ferrán y Pol, recién llegados desde Vic, querían obtener la compostela antes de empezar a disfrutar de sus días en Santiago.

Los catalanes afrontaron las dos horas de cola sin saber que es la espera habitual y no la consecuencia de una mala planificación para un día festivo, de modo que continuaron haciendo amigos y disfrutando el día.

Otros, como el padre Mauro, de Milán, y sus cinco discípulos optaron, antes de nada, por entrar en la Catedral por el Obradoiro, pero cuando llegaron a la puerta y la vieron cerrada tras superar el portal y la escalinata, bajaron por el otro lado sin haber entendido por qué había tanta expectación. Probaron por Praterías pero la cantidad de gente y la correspondiente espera los hizo desistir hasta la tarde, «a ver si hay más suerte», sentenció Mauro.

Sin embargo, las estrellas del día fueron Koen Gerits y su perro Ringo, un pastor alemán de siete años que atrajo todas las miradas mientras estuvo en el Obradoiro. Con su particular bicicleta eléctrica, el belga realizó la ruta más dura desde su pueblo próximo a Bruselas, invirtiendo un mes y medio con su inseparable compañero, que por problemas de cadera ya no puede avanzar a su ritmo aunque es un experimentado peregrino.

Pero si en algo coincidieron todos fue en la pérdida de encanto que sufre la ruta a medida que uno se acerca al final del trayecto y se suman los denominados «turigrinos», cuyo único objetivo es llegar y validar la compostela, eclipsando así la belleza y experiencia del recorrido.


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