La Voz de Galicia

Cuánto amor por Cuba

Santiago

M. BECEIRO

CINE | O |

24 Nov 2005. Actualizado a las 06:00 h.

¿QUÉ ANIDA en la piel y el alma de la sensual y rebelde Cuba para que muchos que la conocen lleguen a sentir tanto amor por ella y la necesidad de mostrárselo? Porque eso fue lo que animó al director soviético Mijail Kalatazov, llegado de la fría cultura eslava y todo su equipo, cuando en 1963 llegó a la isla en pleno proceso revolucionario y crisis de los misiles, al dirigir Soy Cuba , y al brasileño Vicente Ferraz, que a raíz del delirio de Scorsese y Coppola al descubrir esta joya, hizo Soy Cuba, el mamut siberiano , intentando desentrañar las claves del olvido del film. Tras la visión del segundo uno piensa que Soy Cuba es la metáfora de la incomprensión entre dos países distantes en todo, a pesar de su alianza. Una cuestión trascendente, porque igual que los cubanos no entendieron entonces esas cuatro historias sobre la Cuba de Batista y el surgimiento de la Revolución, narradas en el más puro lenguaje de Einsestein, tampoco ciertas recetas políticas extrapoladas de Rusia cuajaron. Pero lo más sorprendente es cómo un cineasta que aterriza en La Habana, casi cual turista, desprovisto de guión ni idea sobre la cultura cubana ni la Revolución, logra materializar esta obra maestra escogiendo a actores no profesionales en el Hotel Habana Libre o en la Universidad. Sorprende menos que Kalatazov -al principio apenas se bajaba del coche cuando se le mostraba cualquier expresión cultural de la tierra- acariciado ya por el calor humano de la isla, decidiese no hacer una película de propaganda política sino mostrar su amor por el país. ¿Cuál es tu secreto Cuba para hacerte querer tanto?


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