Un Camino que embruja
Santiago
Patio de vecinos Italianos, levantinos y portugueses fueron protagonistas del peregrinaje por las rutas francesa y lusitana, experiencia que repetirán el próximo Xacobeo 2004
09 Aug 2003. Actualizado a las 07:00 h.
En total son un grupo de setenta peregrinos que vienen de la parroquia de Rossano Veneto de Venecia y tienen entre quince y treinta años. Iniciaron su caminata en Sarria y tardaron cinco días en llegar a Santiago. La agrupación cuenta con un autobús de apoyo que les preparaba sus propias comidas entre las que no falta la tradicional pasta italiana. Una de sus integrantes, Francesca Lolatto, comenta que se ha quedado impresionada con las pequeñas sorpresas que se encuentró, como algunas fuentecillas que se esconden en los montes o algunos canalillos por los que baja el agua al lado del itinerario peregrino. Francesca dice que el paisaje gallego está lleno de verdor y, aunque estima que Venecia es más bonita y romántica, piensa volver a Compostela. Se llaman Fernando Orobitg, Juan Pablo Torregosa y José Peris y vienen de la costa mediterránea. Iniciaron su peregrinaje en bicicleta en León y han tardado cuatro días en llegar a Santiago. Durante su primera noche tuvieron que dormir metidos en sus sacos al lado de la carretera ya que cuando intentaron entrar en el albergue se encontraron que este estaba cerrado. Además Juan Pablo se queja de las señalizaciones de las pistas y del empedrado del Camino. Juan Pablo, que tal vez se equivocó al pensar que el Camino era una pista de montain-bike, llegó ayer al Obradoiro con heridas en todo su costado derecho y en su codo, pero aun así afirma que tuvo la suerte de toparse con algunos caminantes que le auxiliaron con sus botiquines portátiles. Partieron de Valença do Minho para conocer la llamada vía lusitana del Camino. Son amigos y familiares y es la primera vez que llegan a Compostela andando. A Tito Cardone, el más joven, le ha sorprendido un caminante que iba disfrazado de payaso, incluida la nariz roja. Antonio Gil, abogado nacido en Oporto, asegura que los albergues y la señalización son muy buenas y piensa volver para el año, aunque en bicicleta.