El montaje de «Acis, Galatea y Polifemo» transforma el Principal
Santiago
La ópera de pequeño formato es una producción propia del Festival de Música de Galicia Mario Pontiggia, director de escena, planteó un espectáculo atractivo y comprensible
08 Jul 2003. Actualizado a las 07:00 h.
El montaje de una ópera, aunque sea de pequeño formato, nunca es fácil, y menos cuando se lleva a cabo en el Teatro Principal de Santiago, que no es precisamente el Liceo de Barcelona. Pero todo estará en su sitio y listo para el estreno, mañana a las 21 horas, de la serenata a tres voces Acis, Galatea y Polifemo , una producción propia del Festival de Música de Galicia para la que ya se han agotado las 400 localidades del aforo. El autor de la bucólica escenografía y director de escena Mario Pontiggia recibió con entusiasmo el encargo de montar esta pieza compuesta por Haendel para la celebración de una boda en Nápoles en 1708. Pontiggia, un argentino-italiano con larga experiencia operística, conoce la obra desde hace veinte años y tenía ganas de hacerla «porque tiene una gran fuerza dramática», una característica en la que se basó para plantear la puesta en escena «como un juego teatral en equilibrio con la música, porque no buscamos una disculpa para ofrecer la parte musical, sino presentar la obra de forma atractiva para un público que no conoce este tipo de repertorio barroco». Es más, el texto fue traducido al español y se ofrecerá sobreimpresionado en una pantalla. Esta apuesta escénica cuenta con tres intérpretes de gran nivel a juicio de Pontiggia, que contó con ellos «porque a sus espléndidas voces unen una gran calidad actoral». Una de las particularidades de esta producción es la de que se hace por primera vez con la tesitura de las voces originales: soprano (Beatriz Lanza) en el papel del pastor Acis; contralto (Flavio Oliver), que interpreta a la ninfa Galatea; y bajo (Iván García), que da vida a Polifemo, el diablo o el volcán Etna según la mitología en la que Acis sería el río que confluye con el mar, que sería Galatea. Este espectáculo, que dura una hora y veinte minutos, «es tan complejo de montar como muchas obras mayores del género», comenta Pontiggia, que defiende la importancia de los festivales estivales como una forma de divulgar con calidad y hacer accesible la música de todas las épocas y estilos.