La Voz de Galicia

Incentivar el trabajo

Santiago

01 Nov 2002. Actualizado a las 06:00 h.

En el año 97 los funcionarios sufrieron en sus bolsillos la congelación de los salarios decretada por Madrid. Hubo que arreglar de alguna forma esa descompensación económica, y la fórmula la encontraron gobernantes y trabajadores en un complemento retributivo perfectamente asumible. Se aplicó tal, y luego se consolidó como una paga de asistencia, enganchada a los meses de la paga extraordinaria (julio y diciembre). Fue una decisión de los rectores municipales. Pero una medida de este tipo requiere mecanismos que verifiquen la asistencia de los trabajadores. La fórmula de control horario que se viene aplicando es la firma del empleado público, de forma que el espacio en blanco delata su ausencia, justificada o no. Las excepciones a la norma generaron recelos y conflictividad. La dispensa la tenían todos los habilitados nacionales, el director del área de Urbanismo, el asesor jurídico nacional y el jefe de la junta de personal, aunque las salvedades podrían incrementarse. Las deducciones recaían en quienes presentaban el correspondiente parte de baja o que no firmaban los partes de rigor algún que otro día. Los cabreos afloraron, y sobre la mesa de la Xunta de Persoal estuvo un par de veces el asunto. Y de ahí se pasó a la actitud de protesta de un grupo de funcionarios, que formalmente pasan a la condición de «improductivos», aunque estén en su puesto. El Concello de Vigo, para rebajar el elevado absentismo de su plantilla (algo por lo que se hacen cruces muchos ciudadanos) emprendió recientemente la vía del plus incentivador. En Santiago no se quedaban en casa los funcionarios tanto, ni mucho menos, como en la ciudad olívica antes de la minipaga extra. Pero el plus está ahí, y difícilmente va a desaparecer. Lo que parece posible es que muden los sistemas de control, ante los quebraderos de cabeza que están generando.


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