Queda mucho para ser Ámsterdam
Pontevedra
Es loable que se persiga popularizar el uso de la bici en la ciudad, pero todavía nos falta tradición, ciclorutas y convivencia con peatones y vehículos para alcanzar este objetivo
27 Apr 2014. Actualizado a las 07:00 h.
En estos días asistimos a la puesta en escena por el Concello de la campaña «Pontenbici». Persigue el objetivo de fomentar el uso de la bicicleta como medio principal de transporte de la población. En palabras de Lores, que esta urbe «acade ser a cidade das bicis e convertiremos como xa fixemos noutros ámbitos, nun modelo a imitar». Propósito muy loable. Pero hemos de admitir que, en esta materia, Pontevedra está muy lejos de llegar a la meta.
Somos referencia nacional, incluso internacional, en políticas de reforma urbana, creación de espacios peatonales y calmado del tráfico rodado. Pero seamos honestos: estamos a años luz de Ámsterdam o Copenhague (top europeo de ciudades ciclistas). También de los mejores ejemplos entre ciudades españolas, que son Barcelona, Sevilla y Vitoria.
La distancia que nos separa tiene que ver con diversas razones. Para empezar, una fundamental de tipo cultural: desplazarse en bici es algo inherente a la idiosincracia de esas ciudades. En Copenhague, el nivel de usuarios diarios de transporte a pedales es del 40 % de la población. Imágenes como la que ofrece el párking de la Estación Central de Ámsterdam con 7.000 bicis aparcadas cada día, evidencia lo generalizado que está el uso de ese medio de transporte.
Otro de los factores diferenciadores tiene que ver con la apuesta decidida de los gobernantes por habilitar espacios para las bicicletas. Aunque en Pontevedra resulte apetecible circular a pedal, dista muchísimo de los 350 kilómetros de ciclorutas que dispone la capital danesa o de los 120 que la ciudad de Sevilla ha decidido habilitar en carriles-bici en los últimos años.
Pontevedra es una ciudad muy peatonalizada y con velocidad 30 en la red viaria. Pero apenas dispone de unos cientos de metros de carril bici en un par de avenidas y en Loureiro Crespo. Más bien el problema que ahora tenemos en nuestra ciudad es la difícil convivencia entre peatones, vehículos a motor y bicicletas.
Hemos pasado de sobrevivir a la tiranía de los coches en calles estrechas con aceras mínimas como ocurría hace 16 años, a que los peatones y los propios conductores de vehículos a motor sobrelleven el trasiego de ciclistas que circulan a su libre albedrío por calzadas y también aceras de cualquier vía de esta ciudad. Y muchas veces sin respeto al sentido de circulación de la calle, contraviniendo semáforos y otras señales de tráfico.
Es fantástico que prospere la circulación en bici. Pero es imprescindible que se produzca de un modo regulado. Existe una normativa de carácter general que se debe cumplir. Les obliga a respetar al peatón y su preferencia de paso; respetar una distancia de seguridad con respecto a viandantes (de un metro de separación) y guardar esa misma distancia con relación a las fachadas y portales de inmuebles como de los automóviles estacionados en fila.
Los ciclistas han ganado la batalla de la carretera sobre todo en los fines de semana, a base de paciencia y, lamentablemente, de cuantas víctimas han caído arrolladas por camioneros y conductores insensibles. Pero aún deben ganar la batalla del tráfico urbano, donde será fundamental que los propios que circulan en bici, se adecúen y respeten las mismas normas que se nos exigen a peatones y conductores.