Llanto a mares por la sardiña
Pontevedra
07 Feb 2008. Actualizado a las 02:00 h.
Numerosos vecinos de las localidades de Marín, Caldas de Reis, Bueu y Portonovo despidieron ayer con gran despliegue de dolor público a la sardiña en unos entierros que circularon por los centros urbanos en uno de los días más típicos del entroido en la comarca.
La música fúnebre se dejó oír toda la tarde en Marín animando a los ciudadanos a acudir al velatorio del pez, que tuvo lugar en el palco de la música, en la Alameda de la villa y organizado por el Ateneo Santa Cecilia. Los deudos se concentraron en este recinto para dar su último adiós al símbolo del entroido marinense para después, compungidos, acompañar a la procesión fúnebre por las calles. La marcha del féretro, seguido por autoridades y plañideras, terminó en el paseo marítimo donde tuvo lugar la lectura de la letanía del carnaval, antes de que los vecinos arrojasen el cadáver de la fallecida sardiña al mar un año más.
La vecina Bueu también lloró a la sardiña. Se trató de una marcha fúnebre infantil que salió desde la carpa de A Banda do Río y acabó con la inhumación del cuerpo en la playa.
En Caldas, el velatorio de la sardiña se inició a las siete y media de la tarde. La comitiva de autoridades, con el alcalde y el obispo, entre otros, llegó un poco después al Auditorio Municipal. El entierro del pez supone cada año la despedida al carnaval en la villa termal, aunque en esta ocasión no será así ya que el desfile de disfraces se celebrará el próximo domingo, 10 de febrero, a partir de las 17 horas, tras la suspensión obligada del día 3 por la lluvia.
La sardiña murió en el Xiabre después de mucha juerga y un atracón de filloas y orejas. Conocer su edad no es fácil por los liftings y las cirugías plásticas que lleva encima este pez. En su esquela, los familiares rogaban la asistencia al velatorio del paseo de Román López de riguroso luto, donde se recibía «moitísimo» duelo. Y así fue. Tras el funeral y letanía en la Prazuela, la comitiva recorrió varias calles del casco urbano de Caldas antes de arrojar a la sardiña a las frías aguas del río Umia, donde empezará una nueva vida.
En Portonovo, el colegio público se convirtió en el punto referente de los allegados y amigos de la sardiña, que acudieron a dar el pésame a los familiares desde primera hora de la tarde. Posteriormente, el cuerpo fue trasladado por toda la villa antes de arrojarse al mar.