La Voz de Galicia

Afán de superación

Pontevedra

Praza da Ferrería Juan Gorgojo protagoniza una muestra fotográfica que muestra escenas de su día a día en silla de ruedas

28 Apr 2006. Actualizado a las 07:00 h.

El vigués Juan Gorgojo es el protagonista y eje central de una exposición que sobre su día a día en silla de ruedas se exhibe en el Pazo da Cultura. La muestra, organizada por la oenegé Inclusión, quiere demostrar, en palabras de su coordinador, Luis Leiro, como «un chico discapacitado puede hacer una vida normal». «Nosotros lo ponemos como ejemplo de superación -afirma-. Después de sufrir un accidente que lo dejó paralítico, rehízo completamente su vida y se dedica a hacer instrumentos de música artesanales». Precisamente esa actividad es la que da nombre a la exposición. De parapléxico a constructor de violíns, que se exhibe hasta el 2 de mayo, en la planta segunda del Pazo da Cultura. Exposición La muestra está formada por veinte fotografías en blanco y negro, tamaño 30 x 45, como explica el autor, Martín García Pérez. «El tema -explica- de una persona que ha superado su minusvalía totalmente y que se ha integrado en la sociedad me pareció interesante para plasmarlo. La muestra pretende animar a cualquier persona que tenga un obstáculo a superarlo». Se lo propuso a Juan Gorgojo y aceptó. Las fotos recogen momentos de la vida cotidiana de Juan Gorgojo: con su novia, en su coche, con la familia, los amigos, su ocupación... Accidente fortuito La historia de Juan Gorgojo es algo insólita, pues se lesión de produjo en un accidente fortuito, en la calle, andando. «Tengo borrado el momento, me acuerdo de antes y de que me desperté en el Juan Canalejo», afirma. Ingeniero de Citroën, rememora que quería ir a pescar al día siguiente, por lo que se dirigió por la noche a la zona del puerto de Vigo para ver la marea y calcular la hora a la que tenía que levantarse. «Fue hace 10 años -cuenta-, en el mes de mayo. Entonces tenía 30. Era la época en que estaban abriendo Vigo al mar y en la zona portuaria había restos de obras por todas partes. Supongo que tropecé en algún hierro o alambre, me enganché y caí. Luego tengo un vacío hasta el hospital, pero imagino que alguien me vio, llamó a la ambulancia y me trasladaron a A Coruña». Vista atrás Ahora sonríe acordándose de que cuando le dijeron que tenía una lesión completa, con rotura de médula espinal y que estaba paralítico de la cintura para abajo no lo creía. «Cómo iba a hacerlo. Tenía trabajo, novia, una vida normal, iba a pescar y me dicen que no volveré a andar. No lo podía creer, pensaba que en unas semanas o al final del verano, ya estaría todo solucionado». Pero no. «Van pasando los meses -sigue- y ya dices, pues tienen razón. Menos mal que soy optimista por naturaleza y no tuve ningún momento de depresión, a pesar de que me quedé sin trabajo, sin novia y sin mi gato -ríe- que se murió de pena por los seis meses que me pasé en el Canalejo». Dificultades También comenta que mientras estás en el hospital, totalmente adaptado, «no te enteras de lo que se te viene encima». La verdadera magnitud del problema llegó con la vuelta a casa. Para empezar, tuvo que irse a vivir con sus padres de nuevo. «Esas escaleras en las que nunca habías reparado -rememora-, ahora son un obstáculo insalvable y tienes que empezar a entrar por el garaje. Tu cuarto de baño tan chulo, resulta que tiene una puerta demasiado estrecha por la que no entra la silla de ruedas, o si entra, no gira dentro. La mesa en la que comías en la cocina, es un poco baja y no te entran las rodillas.... Cuando por fin te decides a salir, porque al principio tienes la inercia de encerrarte un poco, ves que Vigo es imposible, sin bordillos, con barreras arquitectónicas por todos lados, y ese bar al que ibas de toda la vida, tiene tres escalones que tus amigos, que no tienen costumbre, no son capaces de franquear con la silla. Al llegar a casa y al tratar de recuperar tu vida es cuando de verdad te das cuenta del alcance de la lesión». Confiesa que viene a pasear a Pontevedra, porque puede hacerlo sólo. «Me meto en el coche y paseo por la ciudad sin necesitar a nadie», subraya. Independencia Hace unos 6 años que volvió a independizarse «para sufrimiento de mi madre -dice- que no quería». Manifiesta que no tuvo mayores problemas, más que las barreras, incluso para rehacer su vida sentimental. Ahora estudia lutería en la Universidad Popular de Vigo y tiene un pequeño taller en su domicilio, que pretende ampliar y dedicarse, con un compañero, a hacer instrumentos de cuerda artesanales y poder vivir de ello. «Sigo haciendo las mismas tonterías que hacía antes del accidente y tengo los mismos problemas y ambiciones que cualquiera, económicos, laborales... Sólo me quejo de alguna que otra escalera», matiza Gorgojo afable. Todo un ejemplo a seguir.


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