La Voz de Galicia

«A Baltar le respeto por su gran habilidad, pero algunos genes no se transmiten a los hijos»

Ourense

Antonio Nespereira

Su paso por la política le dejó experiencias y desencantos. Hoy vive feliz en Ourense dedicando su vida a la empresa familiar

05 Jan 2008. Actualizado a las 02:00 h.

«Cuando regresaba de Madrid y entraba a Ourense, nada más ver el Miño, ya me ponía contenta». El río es la vena aorta que fluye por el alma de la ciudad, que la desgaja, pero que la distingue y que le transmite vida. Mirando su curso encontramos a Inmaculada Rodríguez Cuervo, empresaria, ex vicepresidenta del Parlamento de Galicia. «Es la vida, el origen de la ciudad, mi referencia también hoy y a cuyas orillas vivo». Las ciudades han crecido haciendo suyos los accidentes geográficos. El Miño, más que un accidente , es una bendición. Como bendito es un pueblo, Os Peares -tierra del padre de nuestra protagonista-, a caballo entre dos provincias, tres ayuntamientos, cuatro partidos judiciales y bañado por dos ríos además del Miño: el Búbal y el Sil. Sus aguas refrescaron sus momentos de asueto «porque en el pueblo lo pasé genial en las fiestas de la Costria, el Amparo, el San Ramón, en las de Celaguantes o en las de A Peroxa». No renuncia a retornar ahora en la madurez «porque me gustaría hacer una casita en Santabaia». Pero disfrutó a ratos del entorno porque Inmaculada Rodríguez nació en Madrid hace 42 años, «por accidente, porque mi padre fue un emigrante más». Allí estudia los estudios primarios, se licenció en Biología en la Complutense e hizo la tesina sobre las algas. Trabajó diez años en multinacionales y se vino a Ourense en 1997. ¿Por qué hace el recorrido inverso al que hicieron y hacen aún hoy cientos de ourensanos cada año? «Quise regresar por calidad de vida y porque siempre quise volver. De hecho, cuando conocía algún chico, lo primero que le preguntaba era si le gustaba Galicia y si me decía que no, perdía muchas opciones». Pero, sobre todo por algo más materialista: «Para hacerme cargo del negocio familiar». La empresa Inmaculada Rodríguez se echa hoy sobre sus espaldas la gestión de la empresa Mecanizados Rodríguez «sintiendo el vértigo del riesgo y defendiendo una industria que mantiene a 145 familias en Ourense y 20 más en Portugal». Llegó empapada de la cultura empresarial de una multinacional y se da de bruces con la cruda realidad de una empresa familiar donde la plantilla le miraba «con mucho recelo». Era la hija del jefe y para ser la jefa necesitaba algo más de recorrido porque para dirigirla, como le recordó un día un empleado, «tendrás todavía que demostrar de lo que eres capaz». ¿Y lo hizo? «Creo que sí lo hice». Pero hubo un paréntesis de cuatro años en los que abandonó el despacho y pisó el terreno político hasta ser devorada por las mandíbulas de los chacales que el mundo de la política alimenta hasta el empacho. Un buen día, allá por el año 2001, llega Baltar a los postres de una comida en la que ella estaba, se le planta delante y le espeta: «Dame tu currículum, que te voy a proponer como número uno de la lista del PP para las autonómicas». Así, de buenas a primeras. «Debió creer que le iba a decir que sí, así sin más, pero le dije que la decisión era importante y que tenía que meditarlo y hablar con mi familia». Pero dio el sí y de su brazo fue al altar de la política, pero el factótum de los populares le dejó a mitad de recorrido del altar, con la iglesia llena de invitados. O al menos eso dice ella. «No quería ser advenediza ni trepa ni tampoco jugar a ser Hillary Clinton» (por cierto las dos rubias, de ojos azules y muy locuaces). Ante Fraga No habían pasado diez días del matrimonio de conveniencia de la política cuando el maridaje estuvo a punto de saltar por los aires «porque no me pudieron manipular en el partido y porque no quería ser un florero». Y se va a ver a Fraga porque el PP en Ourense decidió abrir la veda y agazapados estaban velando armas sus detractores que, curiosamente, era el sanedrín de Baltar. El entonces presidente de la Xunta le pidió que se quedase y lo hizo, que fuese vicepresidenta del Parlamento y lo fue, que aguantase y aguantó. Pero Fraga se fue y ella no se quedó. ¿Es irrepetible Fraga? «Lo es, con todos sus defectos y virtudes», afirma rotunda. ¿Y Baltar? «También porque es un genio, con una habilidad increíble, tal vez mal canalizada y lo hace muy bien, pero eso no se transmite con los genes». ¿Dardo a José Manuel Baltar? Sin duda, «porque a Baltar padre lo respeto, a su hijo, no». Y, ya puestos, ¿qué tal Rajoy? «Mariano es un tío muy cercano, con una gran retranca y sería un Presidente de Gobierno extraordinario porque tiene una gran visión de Estado». Ahora ve la política desde la jubilación anticipada, centrada todo el día en la empresa, pero con el carné del PP en la cartera, quizá cerca de las tarjetas de crédito aunque posiblemente el saldo de la vida política lo haya gastado. ¿Y si fuese alcaldesa o candidata al menos? Vamos, por decir algo. «Me gustaría, pero no puedo serlo. No me aparto ya de la empresa ni de broma». Como empresaria y mujer sobrevive. Como política y mujer, murió en el intento. Inmaculada Rodríguez navega en el proceloso entorno de los negocios, también dominado por hombres en los despachos. «Sufrí mucho más el machismo en Madrid en una multinacional que aquí en Ourense». Pero el camino es aún un pedregal: «Las mujeres tenemos que hacer el doble para demostrar la mitad».
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