«Cada vez hay más miedo a volar»
Ourense
En dos minutos | Javier del Campo Martín
08 Nov 2005. Actualizado a las 06:00 h.
Piloto de Iberia, ahora retirado, se hizo especialista en recursos humanos y ahora enseña cómo superar la aerofobia. Javier del Campo es autor del libro «Feliz vuelo: cómo perder el miedo a volar». -¿No empezaría a estudiar la aerofobia por razones de supervivencia, es decir, por miedo a quedarse sin trabajo? -No, no. Surgió a partir de que una multinacional detectase el miedo a volar entre ejecutivos. Lo plantaron a Iberia y por una serie de coincidencias, entre otras que yo había hecho un curso de recursos humanos, me lo propusieron. Y aquí estamos. -¿Tanto miedo hay? -Cada vez hay más miedo a volar. No es que cada vez haya más personas, sino que cada vez hay más que lo dicen. Es cuestión de cultura. Se está perdiendo el miedo a confesarlo. -Porque también se vuela más... -Claro. Ahí está una de las claves. Cada vez es más frecuente volar, menos excepcional y ahí surgen conflictos antes ocultos. -¿Cómo es el miedoso, dicho sea con respeto? -Es gente de formación cultural, o cociente intelectual, alto o muy alto. Es gente de cierto nivel, con enorme imaginación y vocación de controlar todo. Suelen ser personas profesionalmente muy dotadas. -Llamativo, ¿no? -Para algunas cosas puede ser bueno ese afán de control, pero si esa persona va en un avión y no puede hacer otra cosa que atarse un cinturón, se desespera. Se viene abajo. Tiene preguntas serias y no conoce las respuestas. -¿Se supera la fobia? -Con ayuda. Todo el mundo recurre a psicólogos, que es lo lógico, pero falta la parte técnica. A esta gente meticulosa no le basta una explicación psicológica. -Quiere razones... -Con explicaciones técnicas de cómo se construye y vuela un avión se supera el conflicto muchas veces. -¿Y el 11-S? -La aerofobia es miedo a volar sin motivo. Lo otro es terrorismo. No genera más aerofobia el terrorismo, aunque aumenta el temor. -¿Y subir borracho? -Lo hace mucha gente frente a una crisis de pánico. Es una salida malísima. Una vez al año, francamente, no pasa nada. Lo malo es que estas personas aerofóbicas vuelan tres o cuatro veces por semana. Acaba generando una dependencia.