«Franco y don Manuel, siempre»
Ourense
Reportaje | Cierra por reformas la taberna de derechas de la zona de los vinos Después de catorce años, la Adega de Manuel, conocida por su decorado fascista, cierra sus puertas para una necesaria remodelación
11 Jul 2003. Actualizado a las 07:00 h.
Una y media de la tarde. Los clientes de la Adega do Manolo, en la calle Irmáns Villar de la capital entran en el bar como cualquier otro día. Huele a pimientos, y a fritanga. Muchos no saben que el vino que tienen en la copa será el último que puedan tomar en este local hasta dentro de mucho tiempo. En menos de veinticuatro horas echará el cerrojo para dar paso a una remodelación total del edificio. Quizás pasen dos años hasta que vuelva a abrir sus puertas. Mucho tiempo para quienes han hecho de este minúsculo local -la cocina más rentable de España, según su propietario- su segunda casa. Pero no es sólo por sus buenos bocados por lo que la Adega de Manuel se conoce fuera de las fronteras de Ourense. La explicación se ve con sólo permanecer dos segundos dentro del local. En un abrir y cerrar de ojos surgen por doquier recuerdos de la época franquista. Fotos del dictador, de Manuel Fraga en sus tiempos jóvenes, trajes de cuando la Benémerita aún patrullaba a caballo y un sinfín de objetos que añoran una época en la que el Cara al Sol no era precisamente la canción del verano. Motivo de amor para unos y de odio para otros -las pedradas han costado muchos cristales nuevos-, el local se ha ido convirtiendo, durante catorce años, en un auténtico museo. Caótico y desordenado, pero museo. «Empezó casi de broma, pero poco a poco la gente fue trayendo cosas, recuerdos, y yo no los podía tirar. Así hemos llegado a esto», afirma Manuel, propietario del local, quien no oculta a pesar de todo sus querencias políticas. «Hombre, yo de izquierdas no soy, yo de centro derecha, pero no facha», aclara, al tiempo que comenta que el 20 de noviembre es una fecha señalada para él. «Voy todos los años a la misa con Senén Pousa, pero yo no voy por Franco, sino por los caídos, y por la reunión de amigos que tenemos después», comenta. Y que no crean los clientes, ni los turistas que acuden interesados por la fama del local, que con las obras se borrarán los símbolos franquistas. «Vamos a arreglarlo todo, para que sea más cómodo para la gente y podamos atendermejor a todo el mundo, pero la decoración seguirá manteniendo mucho de lo que tiene ahora, Franco y don Manuel Fraga siempre estarán aquí presentes, pero de otra manera», dice orgulloso. Los clientes ya se van. Ayer la despedida fue especial. «Bodegas hay moitas, pero como esta, ningunha». Se termina una época.