Papify y Mamify
Opinión
18 Oct 2026. Actualizado a las 05:00 h.
No todo van a ser palos para las mamás y los papás por ser tan adictos o más al móvil que sus hijos. Un pésimo ejemplo. Las casas, muchas veces, sí que son colegios sin normas para las pantallas: barra libre de scroll. Pero hay etapas muy duras en la maternidad y la paternidad. Aunque, en resumen, podríamos decir que todas las etapas lo son, como un Tour o un Giro que no termina nunca. Lo más importante que nos pasa en la vida a los humanos no viene con manual de instrucciones ni hay ningún carné que te habilite para esa misión imprescindible para el futuro del planeta. Lo llevamos a cabo a pelo. Y aprendemos y nos esnaframos día a día, con humor. El humor, esa sabiduría de la humanidad, que no falte. Vamos con un episodio del ejercicio de la paternidad sobre ruedas. En verano se acentúa una faceta terrible. Es esa edad en la que simplemente eres el chófer o la choferesa de tus hijos. Solo te quieren por las prestaciones que tienes, pero al volante de tu vehículo. También te adoran por los bízums, claro. Lo que durante el curso ya es una agenda repleta (traslados al colegio, entrenamientos...), en verano no se transforma en descanso y bonanza. Qué va. Nada más lejos de la realidad. El padre, se llame como se llame, pasa a ser simplemente Ambrosio, uno de esos nombres de chófer de las películas casposas de los sesenta y los setenta. Los chavales, que tienen coña y son modernos, no nos llaman Ambrosio o Federico, pero nos vacilan con que somos su «Papify» o su «Mamify». Así aprendemos lo duro que es el trabajo del taxista o de conductor de un coche de pago, solo que encima los que ponemos el coche, la gasolina y la disponibilidad a golpe de móvil somos nosotros mismos: sus queridos papás. No hay horarios en esta misión. Conozco a una madre que lleva a su hijo a los estudios en todo tipo de horarios; las clases y las extraescolares a veces se mueven como dunas en el desierto. Esa madre que vive de atasco en atasco además está al volante de la estresada unidad móvil también para los entrenamientos. El curso es duro para los que mueven a sus hijos. Pero durante el verano esa misma madre tiene que encarar la nueva moda: las verbenas. Aquí depende de lo colegas que sean de sus hijos los padres. Los que van más de enrollados y les dejan quedarse hasta el final de los conciertos, ahí están como campeones del asfalto a las cuatro o a las cinco de la mañana. Unos fenómenos. Seguro que han rumiado mucho este verano si ese esfuerzo servirá de algo. Que no lo duden. El cariño siempre se nota, pero ser padres no consiste en ser amigo de tu hijo. A veces hay que decir que no. Y el que no lo hace lo pagará. De todas formas, a todos nos meterán al final en pelotón en una residencia. Es el futuro que nos espera por mucho que hayamos hecho de «Papify» o de «Mamify». No quiero terminar sin recordar a todos los padres primerizos que no son los primeros padres que hay sobre la Tierra. En la historia, durante siglos y siglos, ha habido más. Se lo juro. No han debutado ellos en la mayor aventura que se puede vivir. Antes, alguien más que ellos cambió pañales. Me voy a por mi hijo a la estación.