Y qué diría Fraga
Opinión
03 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
El voto emigrante es uno de los grandes mitos fundacionales de la pax fraguista. Con todas sus contradicciones, porque entre los electores a los que el de Vilalba hacía las beiras desde que llegó a la Xunta había también descendientes de exiliados de la dictadura de la que había sido ministro, en una expresión reveladora de las paradojas presidenciales.
Algo de ingeniería electoral debía de haber ya entonces, porque las ansias democráticas de la diáspora se estimularon durante aquellos años con propinas súbitas a las comunidades gallegas en el exterior que solían tramitarse justo antes de las convocatorias electorales. Y estaba también la teoría de los muertos votantes, una de las grandes referencias identitarias de la Galicia de finales de siglo, a la altura de los fardos que llegan a la orilla o el vídeo del parto de la Domus.
En ese espíritu fue amamantado Feijoo, por eso desde el país del que fue presidente alucinamos a esta hora con su enredo con la llamada ley de nietos, a quienes ayer exigió trazabilidad, en una nueva capa del indigesto milhojas que ellos solos se han puesto a cocinar y en el que se mezclan leyes diferentes y suposiciones imposibles de demostrar, pero que en conjunto trasladan a los ciudadanos nuevos motivos para sospechar del que viene de fuera.
Así que nos metemos en el verano con el líder de la oposición deslizando que podría haber un pucherazo electoral, porque eso es lo que significa el eufemismo de la ingeniería, teoría de la que fue socio fundador el gran Abascal hace unos días en el Congreso. Eso sí. Con el autoamor que se profesa Sánchez, es probable que esta insensata teoría del apaño democrático le suene como la excusa anticipada de un perdedor.