La Voz de Galicia

La sombra de la espada

Opinión

Xosé Carlos Caneiro
Ataque en el Líbano, este sábado

09 Mar 2026. Actualizado a las 05:00 h.

El capítulo undécimo de la asombrosa Autobiografía de Chesterton se titula como esta columna. Habla de la Guerra. La Gran Guerra. Es un prodigio de lucidez. Todo en Chesterton lo es: perspicaz, sagaz, brillante. No voy a relatar lo que cuenta el maestro. Sí quiero citar unas breves líneas: «Podría creerse que libertad religiosa significa que todo el mundo es libre para hablar de religión. En la práctica, significa que a casi nadie se le permite ni siquiera nombrarla. Una salvedad de cierto interés es que en esto (…) los ignorantes hacen gala de una inmensa superioridad intelectual». Si trasladamos el aserto anterior a nuestros días, comprobaremos que la sentencia de Chesterton ha recobrado validez. Yo incluso añadiría que los ignorantes hacen gala de una inmensa superioridad intelectual… y moral. Todo el mundo puede hablar de todo, entienda o no entienda en realidad de lo que habla. A mí aún me duele la herida de recordar todo lo que muchos, casi todos, dijeron durante la celebración de los Premios Goya hace ya nueve días. No se citó el asesinato de decenas de miles de personas que se manifestaron hace semanas contra el régimen teocrático, y criminal, iraní. Tampoco se dijo que en ese país durante la dictadura de los ayatolás se perseguía a los homosexuales (hasta los colgaban en las grúas). Ni que en Irán las mujeres son maltratadas. Tampoco pidieron un minuto de silencio por las víctimas del tren. Se hablaba de Palestina, únicamente. La pasada semana algunos «artistas» continuaron ofreciendo lecciones al resto, que no somos «artistas», sobre los motivos de la guerra (la espada) que se libra en Oriente. Las lecciones versaban sobre la maldad de los Estados Unidos e Israel, fundamentalmente. En tanto, nuestro Gobierno hacía equilibrismos entre condenar el régimen iraní y condenar a Trump, como si ambas proposiciones no fuesen excluyentes entre sí.

Trump es un fanfarrón. No seré yo quien defienda sus maneras, francamente indefendibles, pero en un par de meses ha librado a Venezuela de un dictador y a Irán de una teocracia demoledora: que masacraba la libertad y eliminaba, asesinaba, a cualquier discrepante. Ese país subvencionó, él lo ha reconocido, un programa televisivo de Pablo Iglesias, que ha llegado a ser vicepresidente de España y también nos da lecciones. Él y su mujer Irene Montero o los líderes de Podemos, Sumar, Bildu, Esquerra, BNG, etc. Y yo creo que mucha gente ya está harta de tantas lecciones. Llegó el momento de estar de un lado o de otro. No se puede caminar por la cuerda floja intentando agraviar a los unos y a los otros. Y tampoco se puede admitir la presunción de altura moral de aquellos que ven la paja en el ojo ajeno, y nunca la viga en el propio. El «buenismo» ya no está de moda. Lo «woke», tampoco. Los jóvenes votan cada vez más a la derecha porque en el otro lado solo ven incongruencias. La sombra de la espada dirá cómo son unos. Cómo los otros.


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