La Voz de Galicia

Pérdida de poder adquisitivo, por lo menos hasta el 2023

Opinión

Santiago Niño-Becerra Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management Universidad Ramon Llull

09 Jan 2022. Actualizado a las 05:00 h.

Las preguntas del billón: ¿continuará siendo la inflación un problema en el 2022 de igual forma que lo ha sido en el 2021? Y, en caso afirmativo, ¿en qué medida afectará a la economía española?

 

Rebobinemos. Cuatro han sido las razones por las que se ha generado inflación en el año que ha concluido: 1) el aumento en el coste de la energía, en particular de la eléctrica; 2) los desabastecimientos de commodities y de bienes intermedios por problemas de suministros de Latinoamérica y de Asia; 3) el aumento de los precios de los fletes por la escasez de buques y de contenedores; y 4) la enorme cantidad de dinero que los bancos centrales han ido inyectando, fundamentalmente desde el 2012, y que el sistema ya no es capaz de absorber. Responder a las preguntas del párrafo anterior equivale a escudriñar en la posible evolución de estas cuatro razones.

Pienso que la energía va a continuar cara porque el responsable principal de que el precio del megavatio/hora (MWh) sea el que es, es el sistema de cálculo de ese precio, en el que la energía más cara y contaminante —la producida por gas (con permiso del carbón)— determina el precio de las demás, y la cotización de los derechos de emisión va a seguir siendo muy elevada. Si la oferta de energía producida con renovables no aumenta, el MWh seguirá caro.

Los desabastecimientos se irán solventado a medida que las cadenas logísticas se vayan reconstruyendo. Pienso que estas tensiones irán reduciéndose hasta que comiencen a desaparezcan alrededor del verano.

Otro tanto sucederá con los fletes, de hecho este problema se halla imbricado con el anterior. En pura lógica, los precios de los fletes deberán regresar a los niveles del 2018 (a no ser, claro, que las cuatro navieras que controlan el mercado internacional de fletes decidan una reducción de la oferta de buques).

Mas incierto y más peliagudo es el último punto, por las consecuencias que ello tiene, y España es un buen ejemplo. Prácticamente la totalidad de la deuda pública que España emitió en el 2020 la compró el Banco Central Europeo, al margen de que el BCE tiene casi la cuarta parte de la deuda que España ha emitido. A eso hay que añadir que los tipos de interés reales, por cuestiones de estímulo económico, llevan tiempo siendo negativos. Para reducir la oferta monetaria, el BCE tiene que reducir la compra de deuda, lo que la encarecerá; y aumentar los tipos de interés —muy bueno para los bancos— implica financiaciones más caras para las empresas.

Es decir, como no son asumibles aumentos de productividad, que serían el remedio idóneo para combatir la inflación, cabe esperar que durante seis meses del 2022 seguiremos con precios altos y que luego irán remitiendo lentamente hasta que en el 2023 las cosas de los precios se normalicen. O sea, la gente de la calle perderá poder adquisitivo.


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