Impasible el ademán
Opinión
21 Aug 2020. Actualizado a las 05:00 h.
Lejos de toda connotación que enerva el propio título de esta tribuna -los más jóvenes y avezados recurrirían en todo caso al paraíso halicarnasiano de Google o de Wikipedia-, lo cierto es que tanto el Gobierno como prácticamente todas las instituciones, y en no menor medida la sociedad española entera, siguen impasibles ante la situación real y preocupante de la pandemia. Las cifras empiezan a adquirir cotas alarmantes, pero este país, desmadejado y desmemoriado, parece seguir empeñado en estar tumbado en la hamaca. Todos han cerrado por vacaciones, las empresas y autónomos por la crisis que este coronavirus depara y que apunta a arrojar lo peor en los próximos meses económicamente hablando, los ERTE han demostrado que algunos también se lo han tomado como vacaciones perennes, el Gobierno se ha diluido como un terrón de azúcar, inasequible a un desaliento mordaz y falaz, y en donde la respuesta ahora mismo es el silencio o una foto de vacaciones. Hay instituciones que viven sus momentos de mayor debilidad, conscientes como son de que una patada simple puede derribar o descascarillar el edificio entero, mientras cuando ya no hay más remedio se filtran comunicados oficiales o se constata, después de dos semanas de hermetismo sepulcral, el paradero del viejo monarca.
Los partidos han perdido fuelle, cerrado el brío de las elecciones gallegas y vascas, y donde queda demostrado que en España ya no hay ideologías, sino candidatos y personas; apenas discursos bien trabados y sólidos, que alguno queda, al menos en Galicia, intentan recuperar el protagonismo cesarista a través de chivos expiatorios y enésimos cambios de rumbo. Y no es que la jacobina Cayetana sea un verso suelto, eso ya lo sabían, sino que ahora no interesa por más tiempo el discurso iracundo y el verbo envenenado de la palabra apócrifa e inteligente, y eso que lo de inteligente solo lo referimos a la cualidad de la ex portavoz frente a quienes la nombraron pese a los avisos y luces de alarma que la explosión verborreica de la misma suscitaban. Eso no impidió al presidente de un partido decir que siempre han estado en la moderación. Vean y tiren de archivo en pleno cierre de su campaña primera, la de la gran derrota frente al fotogénico presidente del Gobierno, cuando le propinó en su diatriba una veintena de adjetivos peyorativos. Hay que ver cómo cambian las estrategias o simplemente cómo los estrategas aconsejan ahora cambiar y soltar lastre al precio que sea. Y es que en los partidos, todos, los cuchillos se afilan largos, pero la puñalada siempre es por la tarde. Listos eran los invasores romanos y guerreros que fingían sus loas a sus generales victoriosos en la gran urbe al recordarles con laurel mayestático que solo eran mortales y que tal vez César, el César de lo divino y lo humano, recelaba de ellos por su gloria inmortal pero efímera.
España sigue recostada en la indiferencia. Y esto es lo peor que le puede pasar a un país donde las ideas siguen en claroscuro permanente. Todo se improvisa, todo se deja al albur de las circunstancias y las ocurrencias.