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Los mitos americanos

La Voz de Galicia

He visto por fin Fiebre del sbado noche. Y adems un sbado por la noche, en el pueblo, donde la pelcula interes, aunque sin alcanzar el entusiasmo despertado por Mazinger Z. John Travolta, desde luego, es poca cosa como actor. Pero s un bailarn excepcional. Su cuerpo es capaz de flotar, en perfecta sincrona muscular, incluso ms all de la msica. Es como si esta se adaptara a l, fuera un animal domesticado, en lugar de ser el danzarn quien la siga.

Y eso que en la pelcula Travolta baila menos de lo que haba imaginado yo, a juzgar por el alud de entusiasmo y comentarios provocado. Que siendo as haya despertado una sugestin tan enorme -en Londres sus fans casi le han chafado a l, guardaespaldas y coche- prueba doblemente su capacidad de hechizo. Lo que no obsta para que su nueva pelcula, Grease, estrenada en el reciente festival francs de Deauville, sea hecha trizas por bastante crticos. Como el mismo Travolta: se habla de l como dolo con los pies de barro, como producto consumista y alienante de la sociedad capitalista. Hay algo que indigna a toda una serie de socilogos y crticos, y es cualquier mito o gran oleaje surgido de los Estados Unidos.

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Les gusta, en cambio, cuando ya han fenecido. Los astros muertos americanos motivan exaltados entusiasmos en esos mismos ensayistas y periodistas. Si ayer era la pobre Marilyn Monroe y anteayer el inefable Rodolfo Valentino, ambos de una mediocridad artstica comparable a la de John Travolta, hoy empieza a ser Errol Flynn, vano y estereotipado pen del sptimo arte si los hay, el que comienza a hacer las nostlgicas delicias de los cinfilos del milieu. Supongo que pasa una de estas dos cosas: que su nica obsesin es ver a los Estados Unidos convertidos en un inmenso difunto, porque son ellos, los citados crticos, quienes, muertos en vida como el conde Drcula, solo aciertan a alimentarse de cadveres. 0, quiz, las dos cosas a la vez...

Veo difcil, razonablemente hablando, una crtica al mito Travolta y a la materia que lo crea: la msica y la danza, la fiebre del sbado noche. El luminoso misterio, arrebatado y oscuro, de las discotecas posee un encanto cordial y excitante. Estn la accin, todo el estallido fsico que comporta el baile, y la embriaguez del sonido dispuesto en dinmica armona. Y luego lo que de ritual ertica tienen los movimientos gestuales de la pareja, sumergida en s misma y en el ambiente musical.

Qu tiene que gustarles, si no, a los jvenes? Y a los ya no tan jvenes; yo mismo, intermitentemente, me siento fascinado por ese vigoroso ensueo del baile ingls y americano. Si no se hace esto, colectivamente, qu queda? Hacer algn deporte. Porque todo lo dems, desde acudir a los estadios a contemplar partidos de ftbol a sentarse ante la televisin, son ocios tan pasivos como represivos. Borreguiles, si se abusa. La fiebre del sbado noche arrastra hacia la libertad, la iniciativa, el contacto, la comunicacin.

La pelcula de Travolta, por lo dems, incide tambin en la dinmica social. Y no por su calidad, sino por sus propsitos, Como Buscando a Mr. Goodbar o Una mujer descasada pretende advertir de peligros sociales a la par que estimula la propia personalidad infundiendo confianza moral. Es la asimilacin a escala masiva, y a la inversa, de lo que hace diez aos era revulsivo minoritario.

Tags: John Travolta Marilyn Monroe EE.UU. Reino Unido Londres
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